Articulista Invitado

Aumentar la igualdad de género, un objetivo clave

Se ha logrado cierto éxito en cumplir los Objetivos del Milenio para reducir las diferencias, pero las mujeres en el mundo en desarrollo siguen sufriendo graves carencias.

Aun en las sociedades ricas de hoy en día hay una continua desigualdad entre los sexos; las mujeres tienden a estar en puestos de trabajo peor remunerados, a estar peor representadas en la política y en los niveles superiores de las empresas, y llevan la peor parte en la violencia doméstica. Pero en algunas partes del mundo en desarrollo la situación es mucho peor; las normas culturales tradicionales implican que muchas niñas reciban poca educación, se casen y tengan hijos siendo todavía adolescentes, y ni siquiera pueden abrir una cuenta bancaria.

En México las mujeres ganan solo 54% del salario que los hombres por realizar el mismo trabajo, de acuerdo con datos del Foro Económico Mundial. Por cada mujer en el Congreso, en cargos públicos o privados de alto rango, hay más de dos hombres.

Desde hace 15 años la comunidad global se ha comprometido con un ambicioso conjunto de Objetivos de Desarrollo del Milenio. Se ha logrado cierto éxito en el cumplimiento de los objetivos para reducir las diferencias de género —por ejemplo, ahora las niñas tienen muchas más posibilidades de ir a la escuela—, pero las mujeres en el mundo en desarrollo siguen sufriendo los más altos niveles de pobreza, problemas de salud, falta de educación, desigualdad de derechos y violencia. La ONU está planeando el siguiente conjunto de objetivos internacionales que nos conducirán hasta 2030, y tenemos que preguntarnos ¿qué objetivos debemos incluir? Con recursos limitados de tiempo, dinero y personal capacitado, necesitamos enfocarnos en aquellos que nos permitirán generar el mayor beneficio.

Entonces, ¿deben estar en nuestra lista de prioridades los objetivos destinados a aumentar la igualdad de género? Una forma de ayudar a decidir esto es comparar todas las opciones mediante el análisis de cuánto costará y cuánto beneficio traerá cada una. Esto es lo que mi grupo de reflexión, el Consenso de Copenhague, ha hecho con más de 60 equipos de los principales economistas en temas de educación, hambre, energía, violencia y, ahora, igualdad de género.

La igualdad de género es un gran problema con varios componentes importantes. La reproducción es uno de ellos, y permitir a las mujeres ejercer el control sobre el embarazo significa reducir el número de muertes en el parto, así como las muertes infantiles, y darles a las madres más tiempo para dedicarse a la crianza de su familia y obtener un ingreso. Es por eso que invertir dinero en programas de planificación familiar resulta ser una buena inversión. Pero esta no es la única manera de reflexionar sobre la igualdad de género. La mejor manera de reducir la violencia contra las mujeres, garantizar que tengan igualdad de derechos y sacarlas de la pobreza es salir del ciclo del matrimonio y el parto precoz, y empoderarlas para ser miembros plenos de la sociedad.

Esto es más fácil decirlo que hacerlo, por supuesto, pero un buen enfoque es mantener a las niñas en la escuela durante más tiempo y asegurarse de que haya trabajos disponibles bien remunerados para ellas cuando terminen la escolaridad. Por ejemplo, en la India rural los reclutadores para trabajos administrativos bien pagados en empresas visitaron pueblos seleccionados al azar durante un periodo de tres años. En esos pueblos había más empleo femenino y las mujeres de entre 15 y 21 años de edad tenían entre 5 y 6 puntos porcentuales menos probabilidades de casarse o dar a luz durante este lapso. Por otra parte, las mejores oportunidades laborales incentivaban a las mujeres a alcanzar una mejor educación: las niñas más jóvenes permanecían más tiempo en sus estudios y las mujeres se matriculaban en cursos de capacitación después de la escuela.

Cuando nos fijamos en la evidencia a través de una serie de diferentes estudios y países, cada dólar gastado en mejorar la rentabilidad mediante un mayor acceso de las mujeres a las oportunidades económicas redunda en siete dólares de beneficio.

Mejorar la educación femenina es también un buen objetivo, pero que es, claramente, difícil de lograr. En estudios realizados se muestra que por cada dólar gastado, los beneficios probablemente ascenderían a cerca de cinco de bienestar social.

Hay un montón de otros posibles objetivos que parecen ser algo bueno, pero para los cuales no tenemos estimaciones de costos o beneficios. Por ejemplo, garantizar que las mujeres tengan los mismos derechos a heredar, firmar un contrato, registrar un negocio o abrir una cuenta bancaria costaría muy poco, y podría tener beneficios de largo alcance, pero nosotros simplemente no tenemos los datos para cuantificarlos.

El aumento de la representación política femenina también acarrearía un bajo costo, mientras que los beneficios serían en general bienvenidos, pero difíciles de cuantificar. En esencia, las diversas prioridades de las mujeres comenzarían a tener la misma predominancia que las de los hombres.

La igualdad de la mujer es un tema complejo y no va a lograrse mediante un conjunto de soluciones prolijas y estandarizadas. Sin embargo, los análisis económicos pueden ayudar a mostrar que podemos hacer el máximo beneficio posible. Claramente, la planificación familiar puede ser uno de los mejores objetivos que podemos poner en la lista de prioridades de las Naciones Unidas, porque va a generar 120 dólares de beneficio social por uno gastado. Pero muchos otros caminos, como la educación, las oportunidades económicas, junto con los derechos de las mujeres y la mayor igualdad de oportunidades, compiten por un lugar entre las otras prioridades de nutrición, salud y pobreza.


*Autor de los bestsellers El ecologistaescéptico y Cool It, director del Centropara el Consenso de Copenhague yprofesor adjunto de la Facultad deNegocios de Copenhague.