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La turbia señorita Laura

El caso Laura Bozzo, presenta grandes interrogantes y dilemas en la vida política y mediática del país. La señora es un personaje espinoso marcada por el signo de la corrupción, poseedora una estridente doble moral, como muestran las propias autoridades peruanas, acusada de soborno por ser un esquirol mediático al servicio de la carrera política de Fujumori en el Perú.

Estéticamente la señorita Laura es grotesca como sus propios programas de televisión que lucran con las miserias humanas construidas artificialmente. Ahí se teatralizan montajes sobre las desventuras de los pobres con aberrantes historias en la que los “desgraciados” y los infieles son los protagonistas de un patético reality show. No importa si las historias son inventadas porque responden al espejo de una realidad cruda, no importa si contrata a espontáneos actores si ellos escenifican dramas que muchas veces son menos crueles que la vida real.

El concepto de “pueblo” de Bozzo ni siquiera llega a ser populista, es populachero. Cuando dice que el “pueblo la quiere”, habla de una porción de la audiencia de TV de las tardes. Por tanto, pueblo equivalente a rating que, según ella en declaraciones a la prensa peruana, hace ganar a Televisa hasta un millón de dólares diarios.

Los miles de twitters que han reprobado su conducta deben obligarla a repensar su supuesta popularidad. Su feminismo es de impostura como su mexicanidad y supuesto fervor por la virgen de Guadalupe. Su soberbia y fogosidad desnuda su homofobia al criticar a los homosexuales, diciendo que envidian la belleza femenina natural. En suma, la señorita Laura es baluarte de la telebasura y de los contenidos chatarra.

El fenómeno en las redes sociales es notable, la conductora cometió el mismo error que la hija de Enrique Peña Nieto al ofender y provocar al pueblo. Paulina Peña en un mensaje en el que se hablaba de los mexicanos como “prole” y Laura Bozzo llama a los mismos: “asalariados”. Bozzo se contradice pues desnuda finalmente su desprecio por los pobres a quienes dice representar y ayudar, sectores que nutren acríticamente su audiencia.

Mientras en las pantallas se presenta con estridencias como la balanza de lo permitido y prohibido socialmente, en su vida privada, la señora Bozzo practica el rol de sus propios antihéroes. Investigaciones periodísticas han evidenciado su vida permisiva llena de lujos e intrigas. Juzgada y condenada por corrupción en el Perú, propietaria de diversos inmuebles en Miami, Estado de México y Acapulco.

A estas alturas, el tema de fondo no es siquiera el uso indebido del helicóptero mexiquense cuya aclaración del gobierno del estado ha sido insuficiente. La cuestión es la utilización de la señorita Laura para golpear, al estilo Fujimori, a la respetable periodista Carmen Aristegui. ¿Porque Bozzo no pidió la réplica a Proceso, fuente primaria de la información? Televisa está obsesionada con la postura crítica de Aristegui pero ha utilizado el peor instrumento a su alcance para arremeter: un personaje sucio como la señorita Laura. Torpeza que le ha resultado contraproducente.