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De sectas y sectarios

Si bien siempre han existido grupos y minorías sectarias destructivas, también es cierto que la gran mayoría de los grupos denominados “nuevas minorías religiosas” son grupos  pacíficos que buscan nuevas maneras de vivir su espiritualidad en una sociedad más plural y tolerante que respeta sus convicciones.

El concepto “secta religiosa” es ambiguo y  hasta peligroso. Cada quien lo puede usar a su manera. Secta se puede utilizada tanto como una herramienta de análisis (Weber) hasta para descalificar grupos y propuestas de minorías religiosas. La expresión despectiva secta, puede ser un  recurso de guerra, en otras palabras, ser utilizada como un  instrumento de descrédito en la lucha por los mercados religiosos.

En México, 20 millones se declaran no católicos y cerca de 15 millones participan en diversos grupos religiosos en su mayoría pentecostales. Cuando las Iglesias hegemónicas utilizan “secta” como adjetivo  el terreno se vuelve fangoso.  

En Occidente, la palabra secta  se ha deformado para prevalecer como adjetivación  peyorativa, pues señala y hasta denuncia a un grupo bautizándolo como tal, lo que lleva   un juicio adverso y negativo. En el caso mexicano, su uso también ha sido instrumento de lucha hasta entre los propios grupos evangélicos minoritarios como lo muestra el caso Jorge Erdely quien se hacía pasar por un analista crítico de las llamadas sectas; mientras al mismo tiempo que militaba en una , creada por él, llamada la Iglesia Cristiana Restaurada.

Por ello, los especialistas prefieren hablar de “nuevos movimientos religiosos “ o “nuevas minorías religiosas”, aunque también son expresiones  insuficientes, pero que se sustraen  de los usos descalificativos en términos ideológicos. En ese sentido,  coincido con Hans Kung, quien recomienda  encorchetar la expresión “secta” como un término  heurístico. Es decir, “secta” tiene tantos usos, abusos  y connotaciones diversas que corre el peligro de perder significados, de vaciarse como un  concepto contaminado.

Hacia fines de los años sesenta del siglo pasado, crece la inquietud en la opinión pública por las sociedades secretas y sectas de diferentes características vinculadas a las drogas. “La Familia” de Charles Manson en Los Ángeles y el multihomicidio en la casa de Sharon Tate, alerta la propagación de sectas violentas, apocalípticas y satánicas. Creando leyendas negras y  temores en la sociedad que reforzaron los prejuicios hacia las llamadas sectas, sean o no religiosas, la sola expresión es causa de preocupación.

Sin embargo, dicha peyorativización de las sectas ha sido aprovechado y canalizado por las estructuras religiosas instituciones establecidas, en especial los grupos conservadores de las grandes iglesias para frenar su expansión en el mercado de las creencias.  

En  1985, Girolamo Prigione, entonces nuncio en México, declaró: “las sectas son como las moscas: que hay que acabarlas a periodicazos”. Tuvo  desprecio y descalificación. Sin duda, los tiempos han cambiado, pues un sector de dichas minorías después de casi 30 años han crecido y ganado terreno. Bajo un régimen de laicidad,  las minorías religiosas, pese a muchas estigmatizaciones han dejado de ser esas molestas moscas