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Sin lealtad política no hay reforma electoral

En la exposición de motivos, dos cuestiones sobresalían para justificar una reforma electoral de gran calado. La primera era la subordinación y sometimiento de los institutos electorales al poder de los gobernadores. Y, segundo, los altísimos costos de las elecciones debido no solo a derroches sino duplicidades.

Sin embargo, dicha reforma no ha levantado entusiasmo ciudadano ni grandes debates en medios ni entre intelectuales. Es más, el "haber de retiro" eclipsó los trascendentales cambios en las leyes secundarias, los bonos a ministros electorales acapararon la discusión.

Probablemente los ciudadanos están hartos de tantas reformas electorales. Desde 1978, el país ha ensayado ocho reformas político electorales, y uno se pregunta ¿cuál ha sido el saldo de éstas en estos 36 años? ¿Cuántos miles de millones de pesos hemos gastado?, ¿Cuántos esfuerzos en diseñar instituciones, autoridades, magistrados y programas? ¿Cuántos recursos la sociedad ha invertido en la promoción de candidatos, campañas, credenciales, spots, tiempos de radio y televisión?

Si bien estamos lejos de aquel oscuro lopezportillismo de 1978, francamente el resultado es muy pobre. Nuestra cultura política es menesterosa e infortunada. Mucha gente se pregunta: ¿de qué sirven las reformas electorales con nuevos candados a los candados si partidos y candidatos buscan la forma de burlarlos?

Los ejemplos sobran, en 2007 la reforma última prohibió a partidos políticos la contratación de espacios publicitarios en radio y televisión; ante ello, se reforma el acceso a medios de comunicación, se ceden considerables espacios de tiempo oficial a fin de lograr una mayor equidad y transparencia. ¿Cuál fue el resultado?, la creación de un subterráneo y espeso mercado negro de comunicación política. Es decir, si no hay lealtad en los actores políticos de acatar y ceñirse al nuevo marco normativo, no habrá reforma suficiente y nos vamos encontrar en 2015 con nuevos candados y una nueva legislación lo suficientemente engorrosa que encarece todo proceso.

Hay una clara responsabilidad de los consejeros y de los partidos políticos locales sobre el sometimiento de los institutos electorales que provocó una considerable merma de su autonomía que ahora lloran. Asumo la cuota de responsabilidad que me toca. La cultura política de los contrapesos llegó al límite del descrédito. El IEEM, lamentablemente, es un ejemplo prototípico que inspira la actual reforma que llega al grado de acotar y limitar sus facultades, en su defecto, pasa a ser una instancia regulada y supervisada por el nuevo INE.

Sin embargo, las medidas drásticas de la nueva legislación no eliminan la causa de fondo del problema de la colonización de los institutos locales. Nada garantiza que los poderes predominantes locales quieran someter bajo nuevas estrategias y nuevas modalidades.

Finalmente, en torno a lo económico, la reforma lejos de reducir costos, los va incrementar, si no, al tiempo. Ya veremos los resultados cuantitativos y cualitativos en el balance del 2015. Pero como decía Jefferson, más que mirar las próximas elecciones debemos mirar las próximas generaciones.