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¿Qué es la laicidad?

La laicidad es un concepto dinámico, uno de esos términos modernos que describen no una realidad fija, sino un complejo proceso en constante cambio donde se entretejen las libertades y los derechos.

Estado laico expresa la esencia de la democracia moderna. Gran parte de la clase política tiene una concepción muy pobre y empequeñecida de lo que representa la laicidad del Estado. Se sigue en los viejos paradigmas, enfrascados en las tradicionales disputas del siglo XIX e inicios del XX, en torno a la incidencia eclesiástica en las políticas públicas y las tensiones entre la moral católica y la ética secular.

Por ello, es imperativo desclericalizar el debate y situarnos en un mundo complejo y mundializado. Vivimos el tránsito hacia culturas poscristianas. Esta realidad demanda nuevas maneras de reconocimiento y respeto de las diversidades que emergen, ya que se afirman nuevas identidades y reivindican derechos hasta ahora inéditos. En otras palabras, debemos hacer una nueva recepción de la laicidad y del Estado laico en el siglo XXI.

No basta conformarnos con un laicismo heredado por liberales del siglo XIX que enfatizaban subordinar a la Iglesia y reducir la religión a la esfera de lo privado. Sin embargo, hay que reconocer que el Estado moderno mexicano, fundado por Juárez, se sustenta en el conflicto y separación del Estado frente a la Iglesia. Así se reivindica que la soberanía popular es fuente sustancial de la legitimidad y no más la potestad eclesiástica.

La laicidad de todo Estado moderno, más allá de ser una herramienta jurídica, es un instrumento político de convivencia armónica y civilizada entre diferentes y diversos grupos sociales para coexistir en paz en un espacio geográfico común.

El Estado laico actual es aquel que garantiza la libertad de creencias en el sentido amplio, así como la libertad de no creer que tengan los individuos. Un Estado laico debe garantizar la equidad, es decir, la no discriminación, y garantizar los derechos, principalmente de las minorías religiosas, esto es, la libertad de conciencia.

El mundo globalizado destaca la enorme diversidad cultural, histórica, de creencias, tradiciones e identidades de los pueblos que demanda apertura, tolerancia y respeto por las diferencias. Por ello el Estado laico debe ser garante de las creencias religiosas y seculares de las culturas y, particularmente, de las minorías, así como garantizar la coexistencia pacífica de estas diversidades sociales.

El laicismo, otro concepto cercano, surge como reacción clericalismo. Es decir, frente a la excesiva injerencia del clero en el ejercicio del poder y en los asuntos de política pública. La laicidad moderna no se reduce a acallar, acotar ni reprimir la expresión, libertad y práctica política de ninguna iglesia; por el contrario, el Estado laico debe canalizar todas estas expresiones de manera institucional.

El 14 de marzo de 2012 se aprobó el dictamen de reforma al artículo 40 constitucional, que hace de México una república laica. La laicidad del Estado no debe tratarse a la ligera ni dársela como un acto consumado.