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¿Qué hacer con los partidos?

A unos días de la elección del 7 de junio, hay nubarrones especialmente en materia de seguridad y violencia. Se abren grandes interrogantes sobre las bondades de la reforma de 2014 que pretendió ser de gran calado, en el marco del Pacto por México. Se modificaron muchas reglas en la competencia electoral. Implicó reformulaciones del andamiaje electoral federal y en las diferentes entidades del país. Una mayor centralización de responsabilidades del nuevo INE y un nuevo tipo de relación de los organismos electorales locales con la clase política. En esta recta final ya se escuchan voces críticas que ponen en cuestión todo; el modelo alcanzado es insuficiente.

Para el presidente del Senado, Miguel Barbosa, la reforma "no ha funcionado" porque el INE no ha sabido operarla y persiste la inequidad de candidatos y partidos con más recursos que otros, rebase de topes de campaña y desvío de recursos públicos.

Otros posicionamientos son la de los empresarios, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Gerardo Gutiérrez Candiani, ya está pidiendo una nueva reforma, pero advierte: "ni las mejores leyes funcionan si no se cumplen o no se hacen cumplir; si hay partidos políticos que hacen trampa o infringen la ley de manera recurrente, como modus operandi".

El problema de fondo son los propios partidos políticos que no acatan sus acuerdos ni sus reformas. Todas las encuestas colocan a los partidos muy por debajo de la línea básica de confianza. El último estudio es demoledor. El Centro de Investigación y Docencia Económicas y el Instituto Mexicano para la Competitividad entregaron una investigación titulada "México: Anatomía de la Corrupción", arroja que 9 de cada 10 personas consideran que los partidos políticos en México son corruptos.

El fenómeno es mundial, hay un deterioro moral, los partidos están dejando de representar los intereses de los ciudadanos. El caso español es notable. Ante una pérdida de plausibilidad ciudadana, los partidos tienden a legitimarse ahora entre ellos mismos. Sus propuestas son cada vez más parecidas, reina el pragmatismo, priman intereses transversales de camarilla, las alianzas son entre todos.

José Antonio Crespo, citando a Hirschman, reflexiona: "las condiciones para que una democracia avance y evolucione sin perder su estabilidad se requiere un equilibrio entre quienes sostienen acríticamente a la clase política, y quienes por la vía institucional, protestan, exigen, cuestionan, presionan.

Si solo hay de los segundos el régimen se cae, pero si solo hay de los primeros se estanca y desvirtúa. Víctor Toledo se pregunta ¿Son realmente necesarios los partidos políticos?, se responde que en la transformación civilizatoria, en una época en que todo lo sólido se desvanece en el aire, se hace necesario el cuestionamiento radical de aquellos puntales del mundo moderno que hoy operan como fuentes de la crisis.

¿Una nueva reforma electoral? ¿Más candados? Otros nos inclinamos por un lado, por una reforma de los partidos pues son ellos, precisamente en esta transición, los que más se han quedado rezagados. Por otro, fortalecer la gravitación crítica del ciudadano.