Posteando

¿Qué hacer frente al desenfreno de la clase política?

Los continuos escándalos de los políticos mexicanos nos muestran la ausencia de contrapesos de la sociedad que contenga la deshonestidad, la voracidad y la corrupción. Debemos los ciudadanos repensar el rol de la clase política.

No se trata solo de los videos de panistas libertinos sino de la nota continua de la degradación política de gobernadores, funcionarios y políticos acusados de abusos y peculado. Sus excesos están poniendo en peligro no solo la estabilidad del país sino su viabilidad. Como sociedad, tenemos a los políticos que merecemos: corruptos, inmorales y con un bajo nivel intelectual.

Debemos, como ciudadanía, construir contrapesos de manera alternativa a los partidos y exigir a los políticos y funcionarios un correcto desempeño. Debemos frenar esta debacle peligrosa de la sociedad política y sin moralismos resituar la ética en el corazón pensamiento político y su qué hacer.

La relación entre la ética y la política es compleja y antiquísima. Caracterizar nuestra dramática circunstancia como una crisis de ética que va más allá de la clase política porque toca a toda la sociedad. En su texto La política como vocación, Max Weber aborda los dilemas de la ética política definiendo dos vectores: Por un lado, lo que llamó la ética de la convicción, es decir de los principios y, la otra, ética de la responsabilidad social, el bien mayor para la comunidad y su convivencia.

La ciencia política ha avanzado mucho en el terreno teórico, por lo que las propuestas weberianas son, para muchos académicos, simplistas. Kant, filósofo alemán, se coloca en el extremo, converge a la idea de que toda la actividad humana práctica debe estar sujeta a un máximo de imperativo moral. Hegel rechaza el moralismo político y la subordinación kantiana de la política a la moral, pretende recuperar la construcción histórica de la subjetividad moral moderna, es decir, la ética.

Lamentablemente, la clase política mexicana no cubre estos principios básicos ni mucho menos la vocación de la política como servicio. En su pragmatismo extremo, los políticos profesionales han perdido identidad, tradición y memoria. La ideología y las identidades ceden terreno a la de los intereses. Los partidos se han mimetizado al grado de que los ciudadanos votan más por las cualidades de los candidatos que por las convicciones o tradiciones políticas. Igualmente la responsabilidad social se ha perdido; nadie se hace responsable de nada ni de sus actos. La impunidad impera.

Por ello creo que las organizaciones de la sociedad civil deberían converger con estudiantes, académicos, empresarios, profesionales, vecinos, actores religiosos para demandar y exigir el rol que la sociedad asigna, mediante su voto, para que los servidores públicos y los partidos desarrollen su papel de conducción social. Entre ellos, ya no funcionan los contrapesos, porque su pragmatismo los lleva tomar acuerdos convenencieros a modo, que los encapsula de la propia sociedad.

Los ciudadanos debemos encarar y corregir los desenfrenos que hoy padecemos de la clase política.