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El fracaso de la clase política es sistémica

Enrique Krauze reconoce el peligro que representa el fracaso de la clase política en México. En un video que circula en redes sociales de internet, el historiador, recientemente galardonado con la medalla Rosario Castellanos 2016 en Chiapas, llama a la juventud a movilizarse. Sentencia la corrupción como el signo de la gran decepción que ha resultado el gobierno de Peña Nieto. La corrupción y la impunidad de la clase política por delante de la violencia, inseguridad y la debacle económica. Sin duda el fracaso de Peña Nieto es también el fracaso de la cultura política mexiquense. Porque aquí está la matriz, los usos y costumbres de un sistema bonapartista, dirían los viejos clásicos. Aquí está el epicentro jurásico donde todo cambia para que todo siga igual. Un sistema de componendas y prebendas que incluye a la oposición como fiel compañera y un fiero control de la imagen institucional de la estructura de gobierno y de los actores que detentan las principales decisiones de poder.

En el próximo proceso electoral está en juego mucho más que la gubernatura. El Estado de México requiere renovar los usos del poder. No basta la alternancia porque de nada sirve un gobernador de otro partido que dé continuidad a una vieja estructura de cultura del poder que tiene a la corrupción como principal lubricante. La crisis no sólo es económica sino también social y política. No basta el absurdo argumento de que la crisis de la política tradicional es global. De nada sirve comparar otras crisis como la brasileña, chilena o venezolana. La crisis que azota a la clase política global se evidenció en las últimas elecciones en Estado Unidos. Al analizar el descrédito no cuesta mucho llegar a la conclusión que es un club de políticos que juegan a repartirse el poder. Políticos que no viven exactamente en el mundo real donde habitamos el resto de los ciudadanos. Moran en las sombras de los acuerdos y las componendas que obedecen a los intereses y reglas de sus mandantes. Este es el legado, la incredulidad, la desconfianza, el descrédito, la duda, el recelo, la prevención y el prejuicio. ¿Cuál es la respuesta de la clase política mexicana ante la crisis que estamos viviendo? ¿Es necesario un cambio general o qué cosas concretas tienen que cambiar? ¿Se precisan nuevas instituciones y/o una nueva clase política? La clase política en el Estado de México y en el país requiere mucho más de una renovación, requiere de una alternativa que vaya más allá de los partidos tradicionales.