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El desgaste de la fórmula Golden boys

Mientras la clase política mexiquense es un hervidero, los ciudadanos nos preguntamos sobre la calidad moral de los aspirantes a la gubernatura del Estado. Los empellones, zancadillas y madruguetes son recursos de camarillas de poder ante los tiempos fatales que se acercan tanto para definir las alianzas como a los contendientes. Sin embargo, a diferencia de hace quince años la fórmula del político metrosexual se ha desgastado.

El declive político del presidente Peña Nieto, paradigma del "Golden boy", precipita a la baja al político mediático. Se ha fracturado el ícono del candidato seductor para abanderar un proyecto ganador en términos electorales. Quizá por ello, se hable ahora de "Golden girl" como alternativa de la misma fórmula. El desparecido periodista Julio Scherer García, director histórico de Proceso, mostraba la receta novedosa a principio de siglo, de una nueva clase política mediatizada en extremo. Decía: comprar el tiempo en la televisión, corromper, mentir, y decir justamente lo contrario a lo que se piensa.

Los llamados Goldens boys no son el patrimonio exclusivo de Arturo Montiel ni propiedad del tenebroso e inexistente Grupo Atlacomulco. Hay toda una generación de políticos, hoy en banca rota moral. Ex gobernadores haciendo fila para ser severamente juzgados no solo por corrupción sino por mediocre desempeño. Actores impresentables ahora, ayer fueron el modelo del político moderno y expresión de una "nueva generación"; solo unas muestras como la de Rodrigo Medina de Monterrey, Tomás Yarrington de Tamaulipas, Humberto Moreira de Coahuila, Javier Duarte de Veracruz y el panista Guillermo Padrés de Sonora, entre muchos otros.

Una ecuación maldita, en su momento mediáticamente cuidada, era simple y perfectamente planeada: cierto carisma y rostro; mucho dinero, alianza con poderosos medios de comunicación, en especial televisoras; despliegue publicitario y la bendición de la vieja guardia de políticos. Dicha fórmula fue concebida y patentada desde el Estado de México para el mundo. El modelo bombón paradigmático fue hasta hace poco Enrique Peña Nieto. Interesaba más el corte del traje que el kilometraje de lecturas; no importaba la agudeza de ideas políticas sino el cuidado del peinado.

Todos estos personajes han llevado al país al inframundo de la corrupción. El problema de fondo es la actitud de saqueo y la transgresión como parte de una nefasta cultura política. La confianza de los ciudadanos está quebrantada y clama tener candidatos con altura moral, intelectual y patriótica. No más a las imposturas.