Posteando

La crisis del INE es de la sociedad

El difícil momento del Consejo General del INE se circunscribe en el embotamiento que anímicamente vivimos los mexicanos. Nuestra cultura política se va alejando de aquellos ideales democráticos por los que habíamos apostado.

Estamos ante inéditos desafíos y nos ubicamos en un lugar diferente. Una clase política que se siente rebasada pero no reacciona, padece el síndrome del autismo frente a los reclamos de la ciudadanía ante la inseguridad, la violencia, la corrupción, el despilfarro e incapacidad para crear un entorno de crecimiento económico y empleo para nuestros jóvenes.

Nuestra cultura político electoral no es ajena a toda esta densa atmósfera contaminada. El descrédito del Estado se debe a que no desempeña sus funciones elementales y se extravía en su perorata autorreferencial y en el doble discurso para que se viole la ley. Una de las consecuencias de rechazo a la injusticia y al abuso es la indignación, nos plantea José Antonio Aguilar en Nexos. La indignación social es un sentimiento sano que se experimenta cuando se contempla una injusticia o una crueldad indecible. La sociedad está despertando de su largo letargo y de su conformismo.

La tarea de las instituciones electorales se ha convertido en una tarea azarosa. Por un lado, la desesperación política de los que no quieren cambiar y buscan culpables, nuevos chivos expiatorios, sacrificios sociales y mediáticos para purificar lo público. Por otro, las inercias y modos de operar bajo el signo de la deslealtad, la consigna y la raja.

Es la percepción que se tiene de ese bloque de consejeros que está llevando la institución al límite. Existen brotes desarticulados de un despertar social; sin embargo, largos años de implosión amenazan salidas tersas, la línea de la estabilidad social se ve amenazada.

Pero cabría la pregunta: ¿las instituciones electorales han experimentados serios retrocesos, fruto de una colonización que los propios partidos políticos y gobiernos locales han operado, minado su credibilidad; o estamos en un lugar diferente que se pide mayor certeza y magnanimidad?

Desde antes de 2006, los procesos electorales tienden a envilecerse y polarizar posturas. Se violan las normas y reglas establecidas, las mismas que se habían pactado en las cámaras. Prolifera la guerra sucia, de manera rampante se toleran abusos e ilegalidad, muchos niveles de gobiernos se aprestan a la utilización recursos públicos para la compra e inducción del voto.

Los partidos mismos ante amenazas de pérdida de registro balcanizan los procesos mostrando sus incertidumbres. Desgraciadamente el INE, no ha podido sacudirse los fantasmas que le azotaron al IFE desde el 2006. Su imagen ante la ciudadanía, hay que reconocerlo honestamente, sigue dramáticamente cuesta abajo. La crisis electoral no se resolverá solo en el Consejo General sino desde la sociedad.

PS. Horacio Jiménez, acepto el debate bajo la condición que sea de altura. No me interesan pleitos callejeros ni actitudes de porro carroñero. El Tema: el fracaso del modelo IEEM en la democracia.