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Contra la corrupción la renovación de la política

En México y en nuestra entidad, el tema de la corrupción es recurrente. Los continuos escándalos de abuso de poder, malversación de recursos públicos y de enriquecimiento ilícito por parte de funcionarios, se han ido banalizado al extremo que lo vemos con cierta naturalidad. Los escándalos de corrupción forman parte de los rituales de nuestra cultura. Hemos perdido sensibilidad ante una mal social que carcome nuestro desarrollo y hace metástasis en la construcción de un país del nunca jamás.

La revista Forbes acaba de publicar la lista de los 10 mexicanos que son percibidos como los más corruptos, y entre ellos figuran líderes políticos y sindicales. Nombres conocidos como la Gordillo, Romero Deschamps y Montiel, lo alarmante es que rara vez se les castiga y este tipo personajes emblemáticos navegan en la impunidad. La lista se queda corta porque faltan muchos miembros del club.

Frente a la corrupción no hay más alternativa que la ética social. Más allá de la normatividad y la política de sanciones, la corrupción debe afrontarse a partir de una renovación profunda y radical de las conciencias y las vidas de las personas responsables de la política y conducción del país, de lo contrario, la renovación será mucho más aparente que real.

Afrontar la corrupción es admitir que existe en todos los niveles de la sociedad. Culpabilizar solo a los políticos no ayuda. Es reconocer que se presenta en las familias, en las empresas, en las Iglesias, en las Ongs y en las instituciones del Estado. La corrupción no es exclusiva de los políticos. Cierto, la imagen más visible de nuestra sociedad. Enjuiciarlos sin más y contentarnos que son la raíz o la madre de todas las corrupciones, es por lo menos ingenuo. ¿Ellos se corrompen solos? ¿Y los empresarios que ofrecen sobornos?

La corrupción contamina los procesos de la política y la economía, distorsiona los recursos públicos dedicados a los servicios, la atención a los más vulnerables y los más pobres, en las ganancias ilegales; especialmente resta recursos a la comunidad y deprime a los ciudadanos. Ahí están decenas de estudios que lo demuestran.

La tormenta Manuel en Guerrero, puso de manifiesto que la corrupción atenta contra la naturaleza al propiciar desarrollos urbanos y comerciales en los causes de los ríos. Constructoras, autoridades y comercializadoras en su voracidad corruptora ignoraron medidas básicas de seguridad que atentaron contra el patrimonio y la vida de miles de familias.

Enfrentar la corrupción implica una tarea que atañe a la sociedad, los medios y al gobierno, a través de una nueva conceptualización de la política y de la democracia, empezando por elecciones limpias y legítimas, a un espectro mucho más amplio que implican la participación ciudadana, una cultura de transparencia política e institucional y mecanismos de rendición de cuentas. Los partidos están obligados a formar cuadros con mayor nivel intelectual y sobre todo ético. La formación política en los valores es el mayor déficit en la política mexicana.