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La compra y coacción de voluntades políticas

El reparto de notarías ha provocado una ola de indignaciones y reproches de diferentes sectores de la sociedad mexicana. Nuestra entidad aparece una vez más, manchada por la corrupción como un lastre que acompaña y explica el sistema político. Eruviel Ávila de nuevo en el ojo de huracán.

Doce notarías fueron anunciadas el pasado 14 de julio, un mes después del proceso electoral. Los beneficiarios fueron no son solo allegados, parientes y amigos predilectos de establishment sino familiares de distinguidos actores políticos de la oposición panista y perredista. No es nuevo.

Cuántas veces hemos constatado que la compra y coacción no solo se presenta entre los electores más vulnerables sino entre prominentes políticos. Se pagan favores, se reconocen deslealtades.

Mucho tendrán que explicar bajo el reflector de los medios y el bochorno de la vergüenza ¿Se sonrojarán al menos? Vaya exhibición de cinismo.

La corrupción además de ser un complejo fenómeno social, político y económico, socava las instituciones democráticas. Distorsiona los procesos electorales, pervierte la supremacía de la ley. De nueva cuenta el Edomex se distingue por la corrupción sistémica, la corrupción como el aceite que hace funcionar la compleja maquinaria gubernamental pero a la mala.

El intercambio indebido de favores, es el resultado de sobornos y beneficios de complicidades o lealtades ilícitas. La corrupción son los privilegios de la élite. También atrofia los cimientos del desarrollo económico ya que desalienta la inversión. Sin duda la corrupción sobre todo entre los funcionarios públicos es alarmante en el Estado de México.

Ni sistema social ni el político no han podido desarraigar prácticas funestas que lesionan el funcionamiento, el ánimo y la cultura de una población dolida, dañada y resignada a dichas mañas como un mal irremediable. ¿Frente a éste tipo de comportamiento cómo creer en la limpieza electoral? ¿Cómo no deducir los sobornos a las autoridades electorales? El primer paso para acabar con la corrupción es admitir que existe en todos los niveles de la sociedad.

En los partidos, en los congresos, en los tribunales e institutos electorales. La opacidad y los márgenes de discrecionalidad deben ser exterminados. ¡Y todavía se quejan de la "falsa percepción ciudadana" sobre la clase política! y de los tendenciosos medios de comunicación.

El fraude, abuso de autoridad, el tráfico de influencias, el nepotismo deberían ser combatidos con fiereza pero las autoridades competentes como la Secretaría de la Función Pública o la Procuraduría General de Justicia guardan cautela. La corrupción política daña profundamente el ethos del país. Hasta el siguiente escándalo de corrupción.

RAM