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A un año de la renuncia de Benedicto XVI

La mañana del 12 de febrero de 2013, Benedicto XVI presenta su renuncia. Habló en latín por lo que muchos asistentes, especialmente cardenales, no entendían la gravedad del contenido. Con su voz frágil, debilitada salud y rodeado de enemigos, el Papa parece deprimido.

Su renuncia fue un hito en la historia moderna de la Iglesia. Probablemente se le recuerde a Benedicto XVI, más por su renuncia que por los logros y fracasos de su gestión. Su inesperada renuncia seculariza el rol de ser pontífice o, dicho de otra manera, su dimisión desacraliza la investidura pontifical.

Días después declaró: "En estos últimos meses, he sentido que mis fuerzas habían disminuido, y he pedido a Dios, con insistencia, que me iluminara para que yo pudiera tomar la decisión más justa, no por mi bien sino para bien de la Iglesia.

He dado este paso con plena conciencia de su gravedad y también de su novedad. Amar a la Iglesia significa también tener el valor de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre delante el bien de la Iglesia y no el de nosotros mismos".

Joseph Ratzinger es probablemente uno de los pocos sobrevivientes de Concilio Vaticano II y uno de los intelectuales católicos más profundos en el planeta. Su talento como pensador le llevó a ser la materia gris del largo pontificado de Juan Pablo II.

El continente europeo fue su prioridad como pontífice, pero ahí fracasó estruendosamente. En cierto sentido abandonó América Latina y esto permitió que muchos obispos respiraran mayor libertad.

Benedicto XVI detestaba los medios, su timidez le ganaba y tenía despego por las masas y reuniones multitudinarias. Por ello, para el pontífice, su fuerza fue la palabra escrita en sus cartas encíclicas, libros y homilías escrupulosamente preparadas.

Al Papa nunca le gustaron las reformas litúrgicas del Concilio, por ello pugnó por regresar a la ortodoxia e incluso intentó, sin éxito, el regreso de la misa en latín.

Sin duda, uno de los mayores sufrimientos que vivió Benedicto XVI fue la fuga de documentos de su despacho. Estos textos ponían en evidencia las intrigas y luchas por el poder entre miembros de la Curia. Pero su pena fue aun más grande cuando se descubre que su mayordomo, Paolo Gabriele, fue el que violó su confianza.

La lucha por el poder entre camarillas es implacable. Benedicto cuestiona esta circunstancia, como en mayo de 2010 en Lisboa, donde denunció: "la persecución más grande a la Iglesia no procede de enemigos externos, sino que nace de adentro, del pecado en la Iglesia".

Durante su pontificado le explotó la crisis de pederastia a nivel mundial. Fue una crisis planetaria, las imputaciones minaron la autoridad moral de la Iglesia, no sólo por los abusos sexuales a menores, sino por la práctica de encubrimiento y simulación estructural.

Benedicto XVI fue un Papa de transición entre la Iglesia triunfalista y mediática de Wojtyla y el regreso a la pastoral y a la opción por los pobres que propone Francisco.