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Papa Francisco inquieta a los conservadores

Mientras en México la pasada semana se seguía a detalle la crisis económica griega y se remata con la fuga del Chapo Guzmán, en Sudamérica, en cambio, pasó un torbellino religioso llamado Papa Francisco. Lamentablemente no tuvo la cobertura necesaria en nuestro país porque la gira del Pontífice por Ecuador, Bolivia y Paraguay levantó muchas polémicas e interrogantes.

De manera radical reivindicó a los pobres, marginados, indígenas, presos y enfermos. Sus discursos han despertado críticas severas como la realizada por la cadena Fox Center quien calificó a Francisco como la "mayor amenaza mundial". Francisco se ha defendido indicando que solo ha utilizado los principios doctrinales de la Iglesia en materia social. Mientras sus detractores, dentro y fuera de la Iglesia, lo califican de izquierdista, peronista, populista o nostálgico. Sus acusadores pasan por alto, o deliberadamente son omisos, que la doctrina social de la Iglesia tiene fuerte componentes antimodernos. La Iglesia ha sido una radical y acérrima cuestionadora de los principios de la racionalidad económica, política y cultural de la modernidad.

San Pío IX condenó en 1886 al liberalismo y excomulgaba aquellos católicos que abrazaran los ideales de la libertad. León XIII y Pio XI condenaron las ideas comunistas de esa misma modernidad. Este corpus doctrinal ha cambiado poco y cada Papa aporta su propio matiz. Por ejemplo, Juan Pablo II destinó gran parte de sus energías para combatir el socialismo real hasta la caída del muro de Berlín; su sucesor Benedicto XVI arremete contra la modernidad global en materia de moral y ética condenando el aborto, la homosexualidad, el control natal y las nuevas parejas. Ahora el Papa Francisco cuestiona de fondo el sistema económico mundial acusándolo de excluyente, empobrecedor y depredador de la naturaleza o casa común.

Francisco es heredero de la sensibilidad de los países pobres. Donde los principios religiosos están arraigados en el conjunto del qué hacer humano, en especial la política. En Argentina Bergoglio simpatizó con teología del pueblo, del teólogo Lucio Gera y del historiador uruguayo Methol Ferrer. Uno de sus discípulos Guzmán Carriquiry es uno de sus principales asesores e, incluso, le acompañó todo sonriente en su gira sudamericana. Es una teología de la liberación no marxista que reivindica la cultura y la dignidad de los pobres, no como clase sino como pueblo. Se le conoce también como Teología de la cultura popular. Hay que preguntarse ¿por qué Bergoglio es tan popular? porque representa el anhelo de cambio. Encarna la posibilidad de un cambio profundo tanto en las estructuras de la Iglesia como en la realidad secular en especial las injusticias del sistema económico.

En la historia reciente de la Iglesia ha habido Papas conservadores y reformistas, reaccionarios y moderados. Todos en el marco de los principios y dogmas. Francisco se presenta como un Papa innovador que desde la sensibilidad del sur cuestiona la lógica de un sistema que deshumaniza a la persona; es un Papa rebelde que llama a la resistencia.