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Leopoldo Zea y el positivismo mexicano

Acabo de participar en un interesante seminario en torno a la obra del filósofo e historiador mexicano Leopoldo Zea (1912-2004) antesala de un extenso homenaje. Este año se cumplen diez años de su deceso.

Fue un brillante académico e investigador que destacó por analizar la historia de las ideas y de las mentalidades de América Latina. Fue discípulo del filósofo español José Gaos, exiliado en México después de la guerra civil española, quien lo orienta a los estudios filosóficos y lo beca para dedicarse exclusivamente a la investigación filosófica.

Durante los años de becario se abocó a preparar su tesis de maestría y de doctorado, entre 1941 y 1943, con el trabajo que le daría gran relevancia: El positivismo en México. En ésta plantea cómo el sistema filosófico de Augusto Comte se enraíza hondamente en el pensamiento mexicano y latinoamericano, mientras que en Europa no pasó a ser sino una teoría más.

El positivismo podría definirse de manera escueta como un sistema de pensamiento que reconoce exclusivamente el método experimental como medio de construcción del conocimiento, rechazando abiertamente otros métodos que a priori definían la realidad, refutando también todo concepto filosófico absolutista con pretensiones de universalidad.

Leopoldo Zea rastrea los orígenes del positivismo mexicano en Gabino Barreda (1818-1881), intelectual convocado por el gobierno de Juárez para reorganizar la educación en México. De la mano del liberalismo, el positivismo del doctor Barrera había sido importando de Francia, cuna de las libertades y de los derechos de la persona, para reeducar a los mexicanos y prepararlos para un mejor y más real uso de la libertad.

Estamos hablando de tiempos muy cercanos a la invasión francesa y las guerras fratricidas de Reforma. Es el paso de una ideología de combate, el liberalismo, a una filosofía social basada en los hechos empíricos de la realidad y validadas por un método científico. Este nuevo orden ya no sería impuesto por la fuerza de las armas sino por el convencimiento y el consenso. Un orden donde cabrían todas las ideologías y las clases.

Este liberalismo positivista sustentó el ascenso de una burguesía mexicana que se diversificó durante la larga dictadura de Porfirio Díaz.

Zea sostiene que el positivismo con sus luces y sombras, ayudó a México en el contexto del mundo en transición de los siglos XIX y XX. Con ello inició la defensa de la integración americana, concebida ya por Simón Bolívar; dándole un significado propio, basado en la ruptura con el imperialismo estadounidense.

Sus estudios sobre el hombre mexicano y las ideas en la América hispana lo llevaron a la conclusión de que se puede hablar de una cultura específica hispanoamericana. Leopoldo Zea trabajó desde los años sesenta en el proyecto de una filosofía latinoamericana y en el estudio de la historia del pensamiento latinoamericano libertario que le hizo ganar reconocimiento.

Lamentablemente la actual clase política, minusválida intelectualmente, ha perdido brújula en debates actuales de la filosofía política.