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El Informe y desilusión presidencial

En cumplimiento a lo establecido en el artículo 69 de la Constitución, el Presidente presenta al Congreso de la Unión un informe escrito en el que manifiesta el estado general que guarda la administración pública del país y sobre las decisiones y medidas tomadas en el último año.

Pocas veces un presidente llega tan disminuido como Enrique Peña Nieto. El país presenta signos preocupantes en la economía, seguridad y nuevo ascenso de la violencia. Sin embargo, la mayor vulnerabilidad es la atmósfera de incredulidad política. ¿Esto será reportado en el informe o en los anexos? El presidente Peña se ha devaluado a par del peso. Muchos analistas están preocupados por las consecuencias que tiene la merma del liderazgo porque afecta la calidad de la gobernabilidad de un país con signos convulsos. La imagen del Presidente y su gabinete están por los suelos. Hay una caprichosa paradoja porque Peña asciende a la silla presidencial gracias al hábil manejo de su imagen, que no solo no la ha podido sostener sino que se ha derrumbado. Es lo que los especialistas en comunicación llaman: efecto boomerang.

Recién cumplidos 50 años, el mexiquense parece agobiado por múltiples frentes de conflicto institucional. Resaltan los maestros de la CNTE, tan intransigentes como combativos; los empresarios, molestos por pagar impuestos y decepcionados por las altas expectativas levantadas de las reformas estructurales frente a los pobres resultados; la Iglesia católica que se ha revelado contra el Presidente al que le reprochan "traición" por las iniciativas sobre los matrimonios igualitarios. Amenazan emular los métodos de presión callejera de la CNTE; lo preocupante: sacar de las oscuras catacumbas a la ultraderecha católica yunquista, tan intolerante como fascista. También hay focos regionales muy agudos en Oaxaca, Veracruz, Tamaulipas y Michoacán. Peña encara una circunstancia adversa casi apocalíptica con la omnipotente presencia del narco. En su cuarto informe de gobierno, carga con el estigma de la ineficacia, la dificultad crónica para resolver problemas de interés general pero, sobre todo, enfrenta la falta de confianza en las autoridades del Estado. Su gran error fue no haber atajado con convicción la corrupción y la impunidad. Estos son los estigmas que lleva sobre su frágil espalda. Afloran los conflictos de interés por la Casa Blanca, la vida frívola de su familia, el plagio intelectual de su tesis de licenciatura, los departamentos en Miami y muchos etcéteras sin respuestas convincentes.

¿En dos años podrá revertir su actual abatimiento? ¿Podrá conservar el poder para 2018 o habrá una debacle como fue el 5 de junio? La primera prueba serán las elecciones del Estado de México. Los priistas mexiquenses han prometido ir con todo.