Posteando

IFE o INE disyuntiva sin credibilidad social

La discusión sobre la disyuntiva IFE o INE, es un debate entre las élites de la clase política. La reforma que se discute en ambas cámaras, en el marco del Pacto por México propone, entre otras cosas, la creación de un Instituto Nacional de Elecciones que centralice, gestione y controle los procesos electorales tanto a nivel federal como a nivel estatal y municipal.

La motivación es fundamentada pero no goza del total apoyo ciudadano. Se han desatado argumentos en contra y favor, políticos, operativos y económicos. Pareciera que unos se inclinan por fortalecer las estructuras existentes, reformándolas para recuperar la desplomada credibilidad institucional. Otros piden una demolición total, reconstruir radicalmente el andamiaje electoral y poner diques a las intromisiones en los institutos locales de los poderes fácticos así como una nueva racionalidad en los gastos, equipamiento y gestión electoral.

Sin embargo, en la lista de propuestas a consejeros del IFE, presentada por los partidos, se percibe de nuevo la lamentable lógica de cuotas por lo que, ante cualquier hipótesis de reforma política, las inercias y vicios políticos ensombrecen los discursos que plantean cambios de fondo.

Está claro que los institutos electorales locales no pueden seguir operando como hasta ahora. Su credibilidad y legitimidad son cada vez más endebles. Finalmente buena parte de los institutos locales son avasallados y sometidos, muestran la vulnerabilidad no solo de sus consejos sino de las propias estructuras construidas también bajo pactos políticos, muchas veces malsanos.

Por más maquillajes y autoelogios, basta mirar en el Estado de México el bajísimo nivel de participación en los últimos procesos locales, abstención que no se presenta en las elecciones federales.

Sin embargo, la hipercentralización no es la mejor alternativa así tenga muy buenas intenciones. La centralización electoral de una estructura como el IEF, arrastra lamentables burocracias que son aprovechadas políticamente por los intereses partidarios. Los consejeros generales están muy lejos de los procesos locales y los consejeros locales tienen muy pocos dientes para operar con fluidez y autoridad.

Frente a estas posturas polares, parece perfilarse una fórmula intermedia. En el marco del Pacto por México, la discusión puede llegar a un modelo intermedio que corrija los defectos del actual sistema. Crear verdaderos contrapesos que impidan la manipulación de los institutos locales y aprovechar décadas de aprendizaje operativo sin perder oportunidades que supone un aparato electoral centralizado.

Pero queda claro que la nueva estructura electoral o el reforzamiento de la actual, no puede contentarse con ser solo el organizador ni el animador de las elecciones. La sociedad espera que sea garante absoluto no solo de la legalidad y la equidad, sino, y sobre todo, cara a la certeza que la sociedad demanda. Garantía de que las elecciones sean limpias y confiables.

La estructura debe ser creíble de ahí que los actores den la cara y sobre todo de sus trayectorias. El debate no debe centrarse solo en los cambios estructurales IFE/INE, también se debe valora cómo elevar la cultura política y participación de la ciudadanía. Es un polo olvidado pero vital para la democracia.