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Encuestadoras electorales bajo la mira

"Yo señalo que editorialmente no hay justificación que valga", dijo Ciro Gómez Leyva después de conocerse el resultado final de las elecciones de 2012. En ese proceso, se deslindaba de la encuesta ancla realizada por GEA-ISA que daba 18.4 puntos de ventaja a Enrique Peña Nieto sobre Andrés Manuel López Obrador. En efecto, la mayoría de las encuestas daban gran ventaja a Peña Nieto; sin embargo, en el conteo final Peña gana por con el porcentaje de 38.21 frente al 37.85 de López Obrador. El mismo Ciro reconoce: "La explicación metodológica se da, (pero) la explicación editorial es mucho más difícil de justificar".

Era claro que Ciro se juagaba su credibilidad profesional en base a estimaciones que a la postre fueron erróneas. Algo parecido ocurrió en los pasados procesos electorales de junio de 2016, gran parte de las encuestadoras sobrestimaron al PRI y subestimaron al PAN, finalmente éste resulto claro vencedor en la mayoría de los entidades. El mismo Manlio Fabio Beltrones aseguró llevarse nueve de las 12 candidaturas estatales en disputa y a la postre tuvo que renunciar como dirigente de ese partido. El problema de las estimaciones electorales rebasa las fronteras, lo vimos claramente en noviembre pasado en los Estados Unidos, la mayoría de las encuestadoras daban un triunfo seguro a Clinton.

Con amargura recibimos la victoria de Donald Trump. A estas estimaciones fallidas se suman Colombia, en octubre, en que ganó el "No" en el plebiscito por los acuerdos de paz frente a todo pronóstico e Inglaterra con el famoso Brexit en junio de este año.

Bajo ésta tónica, se celebró estos días, el seminario "La precisión de las encuestas electorales", organizado por el Instituto Nacional Electoral y el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Ahí, Lorenzo Córdova demandó a las firmas demoscópicas, sobre todo en las encuestas de salida, que en un principio fueron un instrumento para conocer más rápidamente las tendencias electorales; pero han mostrado, últimamente, que generan un alto grado de desconfianza en sus resultados. Por ello –dijo–, de cara a las elecciones de 2018, es necesario que los actores políticos sean responsables en el manejo de los resultados de este tipo de ejercicios.

El problema no es solo metodológico y técnico, también es ético y político. El reto de las compañías encuestadoras, ahora, no es solo sub o sobrevalorar candidatos o partidos a modo o por encargo. Deben ser escrupulosamente profesionales. Y crear condiciones de confiabilidad que redunde en la legitimidad de los resultados finales.