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Elecciones y corrupción

En el Estado de México se inicia uno de los procesos electorales más cruciales en la historia de la entidad. Medios, analistas y actores políticos estarán muy pendientes de cada etapa de la contienda, porque como todos sabemos, no solo está en juego la gubernatura mexiquense sino el verdadero trasfondo es la antesala de 2018. Por ello, no solo importa quién gane sino cómo gane. El Edomex será, más que un laboratorio político, una gran vitrina nacional e internacional. Las trapacerías habituales serán evidentes y tendrán resonancia. La falta de lealtades democráticas de muchos actores que intervienen en el proceso podrán ser puestas en evidencia debido a que las elecciones estarán bajo la lupa y escrutinio de la opinión pública nacional. Serán pues, las elecciones más vigiladas. En especial, resurge viejo lastre de la compra y coacción del voto. Al abuso de muchas autoridades sean municipales o estatales. Me refiero a esa transfiguración casi religiosa en que organismos de Estado se convierten en aceitadas maquinarias electorales. Asimismo, los órganos electorales demostrarán sus virtudes y defectos, sus vulnerabilidades y experiencias.

El estudio de las contiendas electorales se está convirtiendo en un campo de investigación central de la política mexicana. Algunos autores empiezan a correlacionar aquellas entidades con mayor nivel de corrupción con prácticas electorales transgresoras. Y hay que decirlo con claridad, el Estado de México figura entre las entidades con mayor índice de corrupción y actos en que la autoridad siembra el cohecho y soborno. Apenas se empieza analizar, el impacto negativo de la corrupción en los procesos electorales, por tanto, el impacto en la legitimidad de las democracias y su estabilidad. Si la corrupción ha puesto en jaque la credibilidad de gobiernos y de la clase política, también puede contagiar los procesos electorales. Por ello, autores como Eric Chang sostienen que a mayor financiamiento a los procesos electorales mayores índices de corrupción por parte de los actores incluyendo a los partidos, gobiernos y autoridades electorales. Dicho de otra manera, a mayor costo en campañas mayores son las probabilidades de ilícitos electorales y, por tanto, suspicacias a los resultados electorales. Rafael Piñeiro, del Instituto de Ciencia Política-Universidad de la República, Uruguay, sostiene: "los mismos sistemas que a priori parecen favorecer la disuasión de la corrupción tienden a hacer a los políticos más dependientes del dinero y del clientelismo". A mayor dinero mayores tentaciones, paradójico en verdad.