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Desafección electoral

Resulta preocupante en las conversaciones con amigos, familiares y conocidos, el ánimo con que se aborda el proceso electoral 2015.

Muchos me dicen que se abstendrán y otros anularán su voto, como una manera de expresar inconformidad. La abstención o el voto nulo son expresión ante el sistema de partidos que parece encarar una de las elecciones más adversas en la historia reciente de las alternancias en México.

Entre analistas sigue un debate entre anulistas y aquellos que esta iniciativa favorecerá al PRI como lo enfatiza Octavio Rodríguez Araujo: "la abstención y el voto nulo beneficiarán al PRI más que a ningún otro partido. Más grave es que quienes proponen la abstención y/o el voto nulo se digan de izquierda".

Mientras, José Antonio Crespo, en su muro, Facebook, advierte que "no confío en ningún partido hoy por hoy. Hace falta no necesariamente un cambio de partidos pero sí de reglas y conductas. Por eso voy a anular el voto, pero también para no desperdiciar esa vía de expresión ciudadana, lo cual ocurre con el abstencionismo... Por eso preferimos anular que validar las trampas y corruptelas de cualquiera de esos partidos que al hacerlo con uno se valida toda la partidocaracia, pues toda, se beneficia del voto partidista".

La abstención es latente en México. Es una acción por la que se decide no ejercer el derecho al voto. Es un acto de no participación en el ejercicio de quienes tienen derecho. No solo es desinterés o apatía sino una señal social que, si es masiva, puede deslegitimar políticamente las elecciones o el propio sistema político.

Salvo en 1994, el abstencionismo ha sido una constante en nuestro proceso político. México es uno los países latinoamericanos con mayor presencia de éste con 41%, en comparación con 56% de Colombia donde tampoco el voto es obligatorio como en muchos países latinoamericanos.

La abstención y el voto nulo son también mecanismos de expresión que tendrán una atención especial en las actuales elecciones, dado el momento dramático que vivimos, porque puede mandar un mensaje de protesta, de presión o de desafección de nuestro sistema político.

El Estado de México tiene constantes alternancias en ayuntamientos y altísima abstención. En la elección de diputados en 2003, fue de 57.2%; gobernador en 2005, 57.3%; diputados en 2006, 57%; diputados y ayuntamientos en 2009, bajó a 47.7%; gobernador en 2011 sube a 54%. Para diputados y ayuntamientos en 2012 se estaciona en 48%. Nótese que está a la baja cuando hay elecciones federales. Para muchos analistas, los partidos son el segmento más atrasado y con mayor estancamiento de nuestra democracia. Más que un nuevo sistema político se requiere quizá una profunda renovación en la cultura y prácticas de los mismos partidos.