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Defunción de estructuras electorales

La propuesta de creación del Instituto Nacional de Elecciones (INE), como parte de la iniciativa de reforma político-electoral que se discute en el Congreso de la Unión es un hecho que transcurre con velocidad. PAN y PRD han presentado propuestas complementarias y cercanas.

Se habla ya de un dictamen que en breve sería aprobado no solamente como una reforma electoral sino política porque impacta no solo el cuestionado andamiaje electoral sino que se verán modificados grandes segmentos de la vida política del país.

Hablamos de la desaparición del IFE y de los 32 institutos electorales y también de la restructuración radical del los tribunales electorales y, al menos en la propuesta del PAN, de un nuevo perfil de la fiscalización.

Además de que el financiamiento se centralizará tanto en las estructuras electorales como en los partidos políticos. Muchos negocios políticos, patrimonios y soberbias se verán afectadas irremediablemente.

La reforma constitucional, por supuesto, está generando inquietudes y el rechazo de diversos actores, principalmente de los integrantes de los organismos electorales locales, de muchos intelectuales y de diversos actores sociales que temen que no solo se centralice la organización electoral sino la vida política del país en detrimento del federalismo.

El riesgo es real.

Es un hecho que los institutos locales y también el IFE han desvirtuado su verdadera misión ciudadana de conducción electoral trasparente y convincente, que genere confianza en la ciudadanía para garantizar elecciones libres, autónomas y legales en todas las entidades.

La responsabilidad recae en partidos políticos y su falta de lealtad al intervenir bajo diferentes modalidades y actores, incluidos los gobernadores, en incidir y manipular para sus intereses al pasar por alto la voluntad ciudadana que se expresa en el voto. Aun tengo presente el mercado negro de propaganda electoral que se edificó después de los candados la reforma en la materia.

En iniciativas del PAN Y PRD se habla de duplicidad de estructuras, gastos excesivos producidos por la existencia simultánea de un órgano federal y 32 locales, así como gastos en inmuebles, equipos, vehículos y servicios generales, que se acercan a 9 mil millones de pesos anuales, sin contar prerrogativas a partidos que incrementa dos tercios la cifra.

Monto preocupante en un país con tantas carencias, aunque le parezca poco al Dr. Woldenberg pues el precio de la democracia no tiene costo.

El IEEM es el ejemplo más representativo de instituto local que ha desvirtuado los principios democráticos y electorales. Su desempeño, lo digo asumiendo mi cuota de responsabilidad, ha sido anticlimático. No se puede generalizar porque hay institutos y servidores electorales cabales e íntegros pero el fondo de la reforma electoral es política. Se ha tocado fondo y es necesario también repensar la figura, el rol y la naturaleza del consejero o comisionado electoral.

Sin embargo, sin lealtad política de ctores toda reforma es vulnerable. De nada servirá gran reingeniería si prevalecen las mismas artimañas e hipocresías políticas de los partidos.