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Arquidócesis potosina, cómplice

Una nueva historia de terror irrumpe en la Iglesia mexicana. Otro depredador religioso ha victimado por lo menos a 100 infantes. El ex sacerdote de San Luis Potosí, Eduardo Córdova Mendoza fue encontrado culpable de abuso sexual por el Vaticano y le retiró definitivamente del sacerdocio católico.

La arquidiócesis lo protege, no quiere dar sus datos ni rastros de su posible paradero. La Procuraduría General de Justicia de San Luis Potosí hace como que lo busca pero todos saben que Eduardo Córdova era un miembro de las élites políticas y económicas de la entidad.

El expediente de Córdova es largo y nadie había hecho nada. Desde 1998 había quejas y la estructura de la Iglesia lo cobijó y ahora se lava las manos. Se deslinda de sus siniestros atracos de niños y jóvenes, a quienes drogaba para, inermes, satisfacer sus patologías sexuales. La Iglesia local lo trata como si fuera de un "asesino solitario" una especie de accidente lamentable, sin asumir el enorme trecho de responsabilidad por no haber atendido con propiedad las quejas y denuncias que familiares le fueron formulando a la jerarquía católica potosina. ¡Qué bien han aprendido de los Legionarios de Cristo!

Los tres señores arzobispos no tienen perdón ni de Dios. Arturo Szymansky, titular de la arquidiócesis de San Luis entre 1987-1999, tuvo las primeras quejas, las desechó y no hizo nada. Luis Morales Reyes, de 1999 a 2012, tuvo denuncias y lo exonera por falta de pruebas. Jesús Cabrero, actual arzobispo, pide un perdón que es insuficiente.

Lo inverosímil del caso es que ante la sospecha del retorcimiento sexual del sacerdote Córdova, la Iglesia lejos de haber tomado precauciones, lo premia otorgándole cargos importantes en la estructura eclesial como representante legal y responsable de las relaciones con el Estado.

El caso no se queda aquí, hay otros dos sacerdotes y un seminarista bajo la lupa de la sospecha pederasta. Al momento hay 20 denuncias contra Córdova y éste a la fuga. ¡Y pensar que sacerdotes exclamaban como trillado el tema ante el estreno del film Obediencia Perfecta!

Sin embargo, pese al azoro y repudio social frente al caso, falta aplicar la recomendación de la ONU que insiste en la principal encomienda, ahora, es el enfoque a las víctimas. Muchos de ellos, sus vidas están destrozadas. La Arquidiócesis debe asumir no solo apoyo moral y atención sino compensaciones económicas como se han realizado en otros países. Tan solo la Iglesia norteamericana ha desembolsado cerca de 5 mil millones de dólares.

La Arquidiócesis debe afrontar deslinde de responsabilidades ante las autoridades civiles así como resarcir económicamente los daños irreparables de sus curas pederastas a quienes cobijó y aun ahora sigue protegiendo de manera inexplicable. El caso es desgarrador que aún no ha tocado fondo. Vamos a presenciar nuevos vuelcos. Una cosa es cierta, la Iglesia muestra una vez más los vicios y las hipocresías, tan lamentables para los creyentes, frente a hechos tan dramáticos y contundentes.