Del plato a la boca

La vigilia

Hoy en día, ser presa de nuestros instintos glotones es un acto diario. El simple hecho de salir a la calle por un par de zapatos puede resultar en regresar a casa bien comidos, bien bebidos (sin referirnos a la embriagues), y en ocasiones sin el par de zapatos, motivo por el cual se dio nuestro desplazamiento; podríamos "echarle" la culpa a la oferta de alimentos en la que estamos sometidos, al bombardeo mediático o, simplemente, aunque poco aceptado, a nuestra glotonería.

Y en este andar llegamos a la Semana Santa: época de guarda, de respeto y de sacrificio, comenzando por el ayuno que ciertos pobladores realizan de manera consciente; cabe aclarar que existe otro sector de la población que ejecuta un ayuno prolongado o indefinido pero por motivos económicos más que de fe. Acto seguido se sigue con la vigilia, la ausencia de cárnicos en la mesa, al menos cada viernes.

Pero en este momento el considerar seguir al pie de la letra una convicción puede resultar en un fuerte golpe para el bolsillo. Esto sucede por las dos fuerzas que interactúan en el mercado: la oferta y la demanda, la cuales provocan que los precios incrementen de manera espeluznante y concluyamos diciendo que la penitencia está en comparar aquellos alimentos considerados permitidos o aquellos que nos libren del pecado; mientras por otro flanco, el pecado, nos dibuja la tentación acompañada de papas y refresco, puré de papa y salsa secreta o con la orilla rellena de quesos.

Todo esto sale al tema por experiencia propia, años atrás cada viernes el menú de diversos establecimientos de este país se ajustaba, ofreciendo platillos hechos a base de pescados, flores, verduras, etcétera, mientras que algunos otros restaurantes especializados en venta de cárnicos o derivados, solo contemplaban aquellos días de vacas flacas; sin embargo, con el paso del tiempo las cosas comenzaron a cambiar, pues poco a poco se comenzó a ver dichos lugares con comensales dispuestos a pasar por alto las fechas santas, a pesar de las miradas castigadoras.

El origen puede ser atribuirle a dos factores principales: el primero está asociado al costo de los productos, ya que mientras una orden de cinco tacos tiene el mismo precio todo el año, un filete de pescado puede incrementar hasta en 300 por ciento; en segundo lugar podemos atribuir este fenómeno a una disociación entre el consumo de la carne roja y el sentido de pecado, igualmente causado por el, cada vez más arraigado, consumo de carne en nuestra dieta.

"Platos vemos pecados no sabemos", lo único seguro es que año con año días como hoy podemos elegir librarnos del pecado pagando la penitencia o haciéndonos a la idea de que un poco de carne no nos llevara al infierno.