Del plato a la boca

De verde a manzanilla

El clima de los últimos tiempos ha sido un tema del día a día, mientras añoramos aquella época donde el calor nos "obligaba" a comprar un refrescante helado o ponerle tres cubos de hielo a un vaso con refresco. Hoy no podemos ni pensar en la idea de salir a la calle sin, por lo menos, una sudadera o suéter ligero; por lo tanto, es común tener lista la taza con alguna bebida caliente en cualquier estación del año. Nuestra opción número uno, para muchos, es el café, pero en esta ocasión cambiaremos el grano molido por algunas hojas secas: el té.

La cuna de lo que al presente llamamos té se encuentra en China y es Sichuan. Originalmente, en el periodo Han (206-24 a.C.) se elaboraba machacando hojas de Camellia sinensis; después se hervían en agua y se les agregaba sal, cebolla y jengibre, todo esto a fuego lento. Más adelante su consumo toma importancia en la dinastía Tang (618-907): un viejo relato indica que en una discusión entre el vino y el té, siendo el primero considerado más valioso, se adjudica el ser una bebida virtuosa porque es capaz de alejar la confusión y tener un color muy especial. Al final ambas llegan a un acuerdo de igualdad cuando, justo en ese momento, el agua aparece para recordarles que sin ella ambas no existirían.

Los monjes budistas fueron los encargados de popularizar la bebida durante el mismo periodo Tang, puesto que a ellos se les tenía prohibido consumir bebidas embriagantes, por lo tanto se focalizaron en esta bebida; es de aquí que nace la historia de Lu Yu, un niño que es adoptado por un monje y se cría bajo la influencia de sus tradiciones. Al cabo de los años dicho personaje escribe "Clásico del té", posteriormente la misma dinastía se basaría en su obra y en la "política del té" para regular la producción, el tributo y el comercio de éste.

Ya en la dinastía Song (960-1179) los métodos de elaboración fueron evolucionando: las hojas se lavaban antes de ser cocinadas a fuego lento; para la dinastía Ming (1368-1644) las hojas ya se mezclaban con pétalos como, por ejemplo, de jazmín.

Finalmente, en la última etapa del período Ming y comienzos del Qing, con la expansión ultramar europea éstos conocen el té y, por consiguiente, lo importan a Occidente. En el siglo XVIII la comercialización de té entre China y Europa se consolida como una de las más importantes, deviniendo entre otras cosas en conflictos bélicos.

Y de nuevo llegamos al presente, llenos de opciones para preparar una "bebida caliente" que nos disipe el frío, que nos invite a mirar a la ventana mientras vemos llover, siempre sosteniendo con ambas manos aquella taza de porcelana que nos regaló la abuela o que simplemente compramos porque no teníamos donde prepararnos un rico té.