Del plato a la boca

¡Que va a llevar marchanta!

Entre pregones, canastas, huacales y empujones nos encontramos en un espacio multicultural, lleno de color y olor, de vida pero también de muerte, pero no en el sentido tétrico o fatal sino más bien en un sentido natural, donde el objetivo no es el de hacer daño sino ofrecer alimento; he aquí los mercados, creación universal, resultado del interés por ofrecer, intercambiar o vender loque hacemos, lo que cosechamos o simplemente lo que recolectamos. Suceso registrado, al menos en América, desde la época prehispánica, donde el trueque y el uso del cacao como moneda eran primordiales.

Toda una radiografía cultural y geográfica, un espacio que concentra todo el acervo alimentario de una región o un país, punto de encuentro entre el norte y el sur, entre lo fresco y lo seco, y entre lo vivo y lo muerto; los mercados conjugan todos estos fenómenos, en ocasiones todo es una fiesta, en otras las envidias o competencia dan paso a las riñas, los chiflidos y hasta los golpes, pero ¿qué no es así la sociedad misma? Uno como simple visitante puede ver aquella función, desde la barrera o de pasada, uno se convierte en testigo de cómo en torno al costal de papas se desenvuelve toda una historia, toda una vida.

Una de las tradiciones que con el paso de los años y la llegada de grandes supermercados ha venido a menos son las compras de la despensa los domingos, casos como el mercado 16 de Septiembre, ubicado en la manzana que comprende las calles, Ignacio López Rayón, Paseo Matlatzincas, Gómez Pedraza y Pino Suarez, donde era común ver a los habitantes de la ciudad de Toluca asistir a comprar sus víveres para toda la semana, donde además se podía encontrar, y aún se encuentran, herramientas, productos hechos de mimbre, sombreros, artículos de plomería, etcétera, y que de igual manera se acostumbraba desayunar o comer, desde pancita de res, barbacoa de borrego hasta tacos placeros, con este dato no queremos decir que ya no se practique esta tradición, simple y sencillamente la concurrencia se ha visto disminuida considerablemente.

La tradición del mercado se encuentra en un punto medio, entre el abismo y la resurrección, las condiciones económicas actuales dan cuenta de ello, ahora resulta más barato comprar en un supermercado cierto tipo de alimentos, mayormente empaquetados, que adquirir un kilo de carne o ciertas frutas y verduras en los mercados, pero posiblemente el encarecimiento de los productos llegue a hacer conciencia y una vez más se recurra a estos universos, tan ricos, tan bastos y tan universales.