Del plato a la boca

La repulsión y el agrado

El acto de rechazo hacia algún alimento está ligado directamente con la percepción del gusto, que a su vez tiene que ver con la edad, sexo, región donde se habite, y hasta con la situación económica; para una mujer de clase alta le causa repulsión el simple hecho de sentarse en una cocina económica, ya que su concepto de sanidad e higiene es radicalmente diferente al de otra que come todos los días en dicho lugar, al igual que un niño de seis años, en el mayor de los casos, le causa animadversión las verduras al vapor o los sabores amargos.

Para el neuropsiquiatra Fritz Perls, la repugnancia es la no aceptación del alimento, ya sea que esté en el estómago o la garganta, o simplemente lo imagine, es común ver este ejemplo; cuando vemos algo podrido o cualquier otra cosa que nos genere malestar, normalmente en descomposición, nos provoca asco como si lo estuviera consumiendo, pasando de una molestia ligera hasta un estado bilioso, en ocasiones llegando al extremo del vómito, "este tipo de resistencia pertenece a la clase de aniquilación, la repugnancia significa la anulación del contacto oral, separación de algo que ha llegado a convertirse en parte de nosotros mismos" nos menciona Perls.

Aunque en la vida diaria este tipo de aversión es común, al ver a un indigente escarbando los botes de basura en busca de algún manjar la reacción es obvia, la situación da un giro cuando hablamos de comida en "relativo" buen estado. Preferimos una hamburguesa de alguna cadena transnacional antes de consumir el mismo emparedado de un establecimiento de tipo local. La fusión marca-calidad tiene un mayor peso ante el barato-regional dando como resultado una aceptación mayor hacia los establecimientos grandes por una supuesta "mayor calidad", aunque tras bambalinas se cuente lo contrario porque, debido a la macro producción de los alimentos es común llevar una mala práctica de manufactura deviniendo en contaminación de los mismos.

El poder de la mente en la toma de decisiones llega a ser un tanto clasicista, ya que prefiere lo que se ve bien sin ni siquiera conocer su sabor, y donde el dicho de "las apariencias engañan" toma todo su sentido dejándonos atónitos al momento de romper el tabú y atrevernos a probar, para cualquier persona que le guste la comida experimentar es fundamental y hasta el día de hoy no conozco a nadie que no le agrade comer.