Del plato a la boca

Del plato a la boca se cae la sopa

A estas alturas del vuelo es necesario hacerle honor al nombre de este espacio. Y que mejor manera que presentar el origen de "porqué se cae la sopa". Durante la historia de la humanidad nos hemos esforzado por conocer, apreciar y perfeccionar nuestras formas en la mesa, desde el uso de un espacio determinado para ingerir los alimentos, como la propia mesa; una decoración propia para la acción a realizar, mantelería y loza; y los instrumentos para alimentarnos, los cubiertos. Tiempo atrás comentábamos la historia del tenedor, las peripecias por las que atravesó, de utensilio diabólico a "demasiado refinado o afeminado". En este caso pasamos la batuta al que es considerado como el más antiguo, la cuchara.

Su nombre fue evolucionando conforme avanzó su uso y su expansión. Como primer vestigio tenemos el término cochleare, herramienta empleada en el siglo III a.C. por los romanos para vaciar y recoger huevos, mariscos y caracoles, aunque propiamente no era utilizado para alimentos líquidos. Sin embargo, la cuchara era considerada como un artículo de lujo o ceremonial, estas eran hechas de plata labrada. No hace falta decir que las clases bajas comían con las manos y más adelante comenzaron a fabricarlas de madera o barro.

Ya para el siglo XIV comienza a ser utilizar por la iglesia para ofrecer el vino en la comunión. De este punto se parte para su aparición en los reinos cristianos localizados en la península Ibérica, donde el término sufriría deformaciones, comenzando por culiare, gestado en la León del siglo X, pasando por cugare y finalizando en cuchare utilizado en la Castilla del siglo XI y XII. Su nombre actual se populariza a mediados del siglo XVII.

Para este momento las cucharas se elaboraban de oro, plata, coral, entre otros materiales; eran de formas redondas y grandes, lo que ocasionaba peripecias poco cómodas para quienes las utilizaban; en el siglo XIV se adoptaría la forma ovalada para facilitar su uso. Antes que el propio tenedor, la cuchara ya era considerada en los manuales de refinamiento, decoró de manera inamovible las mesas del medioevo y, con la llegada del renacimiento, llegarían nuevas normas que simplemente se adaptarían al uso de utensilios tan consolidados como la cuchara, complementándolo con el tenedor, la servilleta y el cambio de cubiertos conforme cambiaran los platillos durante las comidas.

Un dato curioso es que, con base en la expansión de la cuchara se fue dando una evolución en la gastronomía, se consideraron mayor número de platillos líquidos, como sopas y potajes, en las mesas aristocráticas; de igual forma se desarrollaron nuevos platillos para poder lucir con mayor frecuencia los diseños de dichas cucharas.