Del plato a la boca

Os pido posada

Una noche, por un camino oscuro y polvoriento un hombre cabalga sobre el lomo de un viejo caballo; a lo lejos vislumbra unas pequeñas luces provenientes de unos faros, la casa de un conocido es buen lugar para pedir posada. El señor de la casa le abre la puerta, lo invita a pasar y le ayuda con sus trebejos, las inclemencias del viaje han estropeado las ropas del viajante y deben ser lavadas; por otra parte, el hombre, tiene hambre y sed, gustos le sirven un plato de sopa, un trozo de queso, cuatro hogazas de pan y una copa grande vino. El huésped descansará, recobrará fuerzas y en un día o dos retomará su viaje.

De esta forma el ser humano viaja, si se tenía suerte podía llegar a la casa de alguna familia conocida, de lo contrario mendigaría posada a cambio, tal vez, de algún trueque o trabajo físico. Desde épocas bíblicas, los mercaderes y los designados por señales divinas, viajaban ofreciendo sus productos o pregonando sus creencias, confiando en la caridad humana para obtener un espacio donde reposar. Con el paso del tiempo, y el crecimiento de las civilizaciones, los movimientos poblacionales fueron más constantes, lo que propició un alza en dicho fenómeno.

De esta forma los pobladores implementaron el cobro por el uso de su casa, siempre y cuando fuera a desconocidos. En la Edad Media se da un despunto de esta actividad, se acondicionan habitaciones o espacios comunitarios, se brinda protección, en ocasiones, alimentos básicos como pan, queso, vino y en ocasiones carne. Para ese entonces ya existen los expendios de vinos, los cuales constan de tablones largos y bancas, en donde es común que el dueño deje dormir a sus "fieles parroquianos" debido a los efectos del alcohol, se les conoce como tabernas. Entorno a este fenómeno, se conjuga el servicio de hospedaje y venta de vino, un negocio redondo.

Estas prestaciones traen consigo a la prostitución el robo y, por ende, mala fama. Ante el interés de viajar por parte de la nobleza o los clérigos, la hostelería, o el servicio de hospedaje, se divide y propicia el crecimiento de edificaciones especiales para dichas clases sociales. En estos nuevos espacios se brindan los servicios básicos como: habitaciones, espacios para el aseo personal, caballerizas y alimentos, si el huésped así lo desea, puede llevar sus propios alimentos o los insumos para que se les preparen sus platillos predilectos.

De esta manera nace una mancuerna Inseparable hasta nuestros días, la hostelería y los restaurantes pensados para el viajero, la cual permite desplazar a la sociedad por todo el planeta, pero que, de igual manera, sirvió para conocer otras costumbres y retroalimentar, en este caso, a la gastronomía, trayendo tanto ingredientes como técnicas.