Del plato a la boca

Un nuevo año

El año nuevo siempre trae consigo muchas promesas y esperanzas, dejar de fumar, bajar de peso, acabar la tesis, en pocas palabras, transformar un estilo de vida o una serie de costumbres que cada individuo ha practicado durante años pasados, lo cual al enfrentar un cambio de rutina tan drásticamente suele ser complicado o muy difícil, pero ¿por qué buscar un cambio radical si se puede realizar una transformación pausada? Como sociedades estamos acostumbrados a las tradiciones, las festividades y el ambiente, nunca falta algún cumpleaños a inicio de año, posteriormente viene el 2 de febrero, a la vuelta de la esquina llega la semana santa, etcétera, podríamos decir que es un sinfín de momentos en los que inmiscuimos la comida o la bebida, en ocasiones en exceso, con nuestras vidas, y ¿qué pasaría si lo que se viera modificado fuera el modo en el que celebramos dichos momentos o festividades? Aún recuerdo esos días de campo, en los que se buscaba el lugar más alto, más sólo o más exótico que la naturaleza nos pudiera dar, donde no sólo llegar con el auto y buscar un espacio lo más cerca al mismo fuera el objetivo, como pasa hoy en día.

El punto no es cambiar el hábito de golpe, sino darle un nuevo escenario, saber que se comerán los mismos tacos de cochinita pibil pero con una caminata previa de cinco cuadras, o la misma carne asada pero después de haber subido doscientos metros del nevado de Toluca; en los últimos años se ha planteado la idea del uso de la bicicleta como transporte, aunque en ciudades como esta sea un poco peligroso por falta de espacios predeterminados y la cultura del ciclismo, pero sin duda es una buena opción para un sábado a partir del mediodía, convirtiendo esta actividad no sólo como de ejercicio, sino como una manera de recorrer la ciudad, realizando paradas programadas para comer, tomar algo y recorrer las calles de una manera diferente, de esta manera no sólo comeremos y nos ejercitaremos, sino, además conoceremos esos rincones de la ciudad que tienen una oferta culinaria única, pero que por el estilo de vida que llevamos nunca nos percatamos de su existencia.

Al final es un año que llega y al cual le entregamos expectativas y deseos, le asignamos planes y objetivos, los cuales en ocasiones muy pocos concretamos o cumplimos, pero los tenemos en mente durante todo el año, sin darnos cuenta que podemos darle un giro, cambiar la rutina o anexar nuevas actividades a la vida diaria, cambiar de sabores o agregarles canela, quitarles azúcar o ponerles lechuga, sólo para darle un sabor diferente al inicio de año y ver si en verdad podemos cambiarle la textura de nuestras rutinas.