Del plato a la boca

Aquella nube gris

¿Qué más hace falta decir acerca de la contaminación atmosférica? Hasta el día de hoy sabemos que los cambios climatológicos, aunados a la cantidad de automóviles que circulan en las ciudades y la temporada invernal, en su fase final, provocan que los vapores contaminantes no se disipen y, por lo tanto, se suspendan en ciertas zonas. También, ahora sabemos que ante fenómenos naturales y de contingencia ambiental nuestros gobernantes aún tienen deficiencias que muchas veces acaban en pleito ratero, sin llegar a una solución concreta, democrática y eficaz.

Pero existen casos que aún no sabemos o que poco reparo hacemos en ponerles atención. Los productos alimenticios son un blanco vulnerable en estas situaciones, ya que estos son cultivados, transportados y expedidos al aire libre o bajo normas bajas de seguridad, pues se considera que, al momento de lavarlos, previas a su consumo, todas las partículas dañinas serán eliminadas, lamentablemente esto no es así.

Si bien, en el ambiente existen contaminantes comunes como arsénico, mercurio, plomo, cadmio y aluminio, estos solo representarán un serio peligro cuando sus concentraciones sean elevados, pero, si le adicionamos los emitidos por automóviles y la industria, lógicamente, el riesgo es mayor. Mercurio, plomo y cadmio, metales pesados a los cuales se les debe tener mucha consideración, pues su traspaso a los alimentos se hace de manera rápida; por ejemplo, se relaciona al plomo con intoxicación de sangre, no hace falta ir muy atrás, hasta hace algunos años los productos enlatados eran sellados con plomo, aún hoy en día existen partes de tuberías que están elaborados a base de este metal; otro caso sería el cadmio, utilizado en baterías, plásticos, colorantes industriales, etcétera, y del cual se han descubierto en verduras, probablemente por la irrigación de sembradíos con aguas provenientes de fuentes contaminadas.

Finalmente, mercurio, para esto recordando que el Valle de Toluca era conocido por ser una zona lacustre, causa curiosidad el hecho de que hoy en día poco sobreviva de aquellas fuentes de biodiversidad, y, por el contrario, sea reconocida por ser una zona industrial de gran envergadura; en productos pesqueros se han llegado a encontrar grandes concentraciones de dicho metal.

No hace falta decir que se necesita mayor concentración de recursos y planeación, tampoco es necesario buscar culpables, pues en gran medida todos seríamos culpables; desde el momento en que usamos un auto, encendemos un microondas, consumimos productos industrializados, etcétera. Una posible solución sería la concientización del consumo responsable, la utilización de vías alternas de transporte y un buen soporte gubernamental que nos garantice su seguimiento y justa aplicación, pero, al parecer, estamos aún muy lejos de eso.