Del plato a la boca

¿Con hambre todo sabe mejor?

Las situaciones ajenas a nuestro dominio nos llevan a la adaptación de tiempos y espacios que invaden incluso las horas de descanso y alimentación. En ocasiones, una emergencia médica rompe nuestra vida cotidiana obligándonos a pasar largos periodos de tiempo sin probar bocado ante la preocupación del estado de salud de nuestro enfermo; el apetito reaparece hasta el momento de aparente calma otorgado por el alivio del paciente, o el respaldo de la familiar que llegue en nuestra ayuda.

Pero en ese momento de pasividad ¿qué comemos?, bueno, para el proletariado nuestras opciones son pocas: por un lado las cafeterías de los hospitales o fuera de ellos, puestos de tortas, tacos, hamburguesas, hot dogs, etcétera. Todo depende si quieres comer parado o sentado, al final la calidad no es punto de comparación.

Uno pensaría que las cafeterías ofrecerán un servicio conforme al hospital, viendo las medidas de higiene y seguridad que se utilizan en estos sanatorios. Gran sorpresa nos llevamos al ver que nuestros alimentos no pueden verse peor: si son enchiladas la salsa tiene un sabor a todo menos a salsa roja o verde, el pollo está seco y tieso, y por último la crema, si es que no nos hace daño, está muy rebajada; para el caso de una torta puede que: el pan este frío, la milanesa este dura, etcétera. En el caso de los puestos en la calle se espera de todo, pero lo seguro es que tus expectativas no se verán afectadas en lo más mínimo, o sea que, puede pasar lo que sea.

En ciertas ocasiones el estado de ánimo no es del todo íntegro, pues se trata de un ser querido internado por una enfermedad o un accidente, y sin saber a ciencia cierta el estado de salud del mismo. A esto le sumamos que el ambiente no es nada confortable y, para rematar, la hora sagrada de probar los alimentos se ve opacada por un mal platillo; al final todo es desastre.

Y se acerca la pregunta obligada: ¿con hambre todo sabe mejor? En mi opinión muy personal no creo; de un mal sabor de boca te vas a un mal día, semana, mes, en fin... no puedo asegurar que toda una vida, pero si todos los días realizas tu primera comida a las 19:00 horas y, si son sopas instantáneas por lo menos durante 15 días, en algún punto te desquicias; por mucha hambre que tengas no le encuentras sabor a algo así.

El público de estas cafeterías o loncherías es mal manejado, no por el hecho de estar con el "santo en la boca" nos vemos limitados a una buena comida, al contrario, el estómago debe ser el primero en estar a tope, seguido de nuestro ánimo al haber consumido un platillo digno y satisfactorio.