Del plato a la boca

Las habichuelas mágicas

En un plato de cerámica o un tazón de barro, acompañado por un par de tortillas, sazonados con un poco de sal y condimentado con chile verde picado, no hay nada más reconfortante que un buen plato de frijoles. Nada más nacional que este platillo para sentirse realmente mexicano, patriótico y satisfecho. Sus variantes en cuanto a tamaño, forma color y procedencia ya se han plasmado en este espacio, pero en esta ocasión tocaremos el tema de cuando esta semilla, fue raptada, encostalada y llevada a tierras lejanas, para conocer mundo y que a su vez el mundo la conociera.

Del náhuatl ayocotle, los españoles reinterpretaron su fonética y la llamaron ayocote, el cual hace referencia a una especie más grande y gorda. Posteriormente a su llegada a Europa deambuló por todo el continente, pero fue en Italia donde sería rebautizada de manera muy significativa: de la voz "fiesole" se derivó en frijol, que no hace falta aclarar el porqué de su relevancia, pero si denotar que el apostrofe por el que conocemos a esta pepita no es autóctono del México; continuando con su travesía, en Francia se le llamó "haricots" respetando su fonética original. Su aparición por toda Europa se dio alrededor del 1522, casos de mucho aprecio se dieron, por ejemplo, con la familia Médicis, acto que sirvió de trampolín para que muchos nobles siguieran la práctica y difusión; la cualidad notable del frijol fue su capacidad de adaptación y crecimiento, ya que se daba en diversos climas, siendo los más óptimos en zonas elevadas, húmedas y frías. Para los franceses esto fue de suma importancia, ya que en el año 1575 los problemas de escasez del trigo, su grano vital, y la hambruna causaron estragos sin precedentes, aunque de no ser por el ayocote o frijol esto hubiese sido aún peor, caso similar se sucinto con el maíz y la papa. En este vaivén que efectuase el frijol por toda Europa no era de extrañarse que en cada región fuese nombrado diferente, estos son algunos ejemplos de lo antes mencionado: paseolus, lunatus coccineus, acutifolios, calcaratus, angularis, vayós, jagiuoli, fasiolos, fresol, frijon, judía, phasioli, vacia, vigna, canavalia, dolichos, cajanus y soja, que a su vez los ingleses bautizaron como beans, en honor a un insecto parecido al frijol llamado vean weevil.

Como dijera la canción "caminante, no hay camino, se hace camino al andar" los múltiples ejemplos aquí expuestos acerca de los andares del maíz, el frijol, el chile, entre otros tantos, solo nos lleva a concluir que lo desconocido, lo nuevo y lo extraños siempre será motivo de desconfianza, y si a este le añadimos el hecho de que provienen del "colonizado", pues la duda es mayor: lo que en un principio se consideró venenoso o nocivo, hoy en día está presente en cualquier mesa, llámese Italia, Francia, Suecia, etcétera. Al igual no pasa a nosotros, miles de historias andares y travesías vemos en nuestras mesas sin ni siquiera pensar las glorias o penurias que soportaron estos alimentos para estar aquí y ahora.