Del plato a la boca

El gusto culposo

Mientras sacaba un cuchillo untador del cajón, destapaba un envase con dulce de leche, y me disponía a untarlo sobre una pequeña chapada cortada por la mitad, recordé aquellas pláticas culinarias en la universidad, conversaciones llenas de viajes, sabores y demás esnobismos que lo único que suponían era que seríamos todos unos conocedores del ámbito alimenticio, con paladares excepcionales y criterios elevados; continuando con la escena de la chapata untada, mientras me disponía a realizar una infusión taza con agua caliente una interrogante acaparó mi pensamiento, y no tuve opción más que repetirla en voz alta, ¿qué es un gusto culposo?

Continuando con aquellos recuerdos entre colegas se solía mencionar, a manera de presunción, la variedad de alimentos y bebidas, consumidos en viajes o visitas, en comidas familiares o en la intimidad del hogar, siempre un vino español estaría por encima de uno mexicano, un guiso francés sería el éxito de la fiesta con los vecinos, o aquel viaje a Europa sería inolvidable por el café degustado aquella cafetería que daba a la plaza central, frases como estas siempre eran sonadas mientras se desayunaban unas enchiladas verdes en la cafetería, con un bolillo y una taza de café soluble; ejemplos como estos no sólo los podríamos recrear en estos espacios, podríamos decir que pasan en todos lados, es de aquí que la duda acerca de los gustos culposos aparezca el día de hoy. Lo podríamos denominar como aquellos alimentos que no merecen estar catalogados como "lo mejor", carentes de clase y estatus, pero que sin duda se degustan en esos momentos de antojo, pero ¿y por qué no pensar que ese antojo es la verdadera expresión del gusto?, para continuar analizando al adjetivo culposo, lo cual no refiere a que da pena o vergüenza, por lo tanto al final del razonamiento podemos concluir que un gusto culposo en un verdadero antojo, una sensación, en este caso del sentido del gusto, que nos llena, que es de nuestro total agrado, pero que nos da vergüenza aceptar.

Y así, mientras me tomo mi té de manzanilla de sobrecito, una rebanada de bolillo de antier atiborrado de cajeta, me respondo, que este podría ser mi gusto culposo, que a nadie le digo, que nunca lo menciono, pero que sin duda alguna me llena, es mi postre y mi bebida gourmet, la cual como sin máscaras; escribo y pienso, que tanto nos hemos perdido, que tantos negado, primero en público, después en privado, que bocados despreciado o con esa sonrisa nerviosa admitido que son nuestras "fallos" o nuestros deslices culinarios. En un mundo lleno de sabores ser vano en la mesa debería ser un acto culposo.