Del plato a la boca

La gastronomía en la guerra

Las civilizaciones antiguas vivieron entre dos mundos. La primera la podemos ubicar en la vida cotidiana, el campo, los talleres, las pagodas o los castillos; la segunda en guerras, invasiones, largas travesías y muerte. La mortalidad en aquellos tiempos iba de la mano de enfermedades, accidentes y heridas de gravedad en los campos de batalla. Esta clase de sucesos permitió la evolución de la alimentación, los invasores trajeron nuevas técnicas, productos desconocidos y tradiciones propias, mientras se llevaban las ahí conocidas a sus lugares de origen. Sin embargo, las guerras traen más que eso, el proceso de asimilación o la desconfianza por los alimentos desconocidos incitó a la creación platillos y técnicas novedosas.

Por ejemplo, durante la avanzada francesa, comandada por Napoleón, la alimentación de las tropas fue un factor determinante, los alimentos escaseaban o se pudrían a la mitad de sus viajes, por tal motivo el mismo Napoleón dicta que aquel que desarrolle una técnica o preparación para preservar los alimentos será premiado, es Nicolás Appert, quien presenta sus resultados en la experimentación de envasado al vacío, en 1804.

Sin ir más lejos, en las cartas de relación de Hernán Cortés dirigidas a la Corona Española, hace mención de la calidad de los alimentos, los cuales encuentra apetitosos, pero no los incorpora a su dieta del todo, por lo que pide que le envíen trigo, aceite, vinos y carnes saladas para alimentar a su tropa. De esta manera podríamos explicar como los tres elementos básicos de la alimentación europea de la Edad Media, trigo, vid y olivo, penetraron en la nueva sociedad novohispana, la cual adaptamos y adoptamos, por ejemplo, con la panadería mexicana. Y como último ejemplo, las tecnologías alimentarias en los conflictos modernos, bolsas de soluciones proteínicas, enzimas y multivitamínicos saborizados en latas, píldoras diseñadas según las áreas en las que combatan los soldados, etcétera, toda una ciencia aplicada a las "necesidades" de la guerra, pero que sin lugar a dudas veremos en "el futuro".

Tanto el camino forjado por civilizaciones, como los intereses expansionistas y/o empresariales modernos, nos han conducido a buscar saciar nuestra hambre, dejando, sin lugar a dudas, rastro de nuestro paso, ya sea con ingredientes o platillo nuevos, técnicas de conservación o aplicaciones de la ciencia en nuestros estómagos, todos como parte de la guerra, sin justificarla, pero que en tiempos próximos llegan a ser benéficos para mantener a la especie.