Del plato a la boca

Los exóticos gusanos

En esta temporada podemos ser partícipes degustadores de un alimento digno de considerarse "complicado", en la región centro del país, principalmente, se puede encontrar en los tianguis y mercados de algunos pueblos los llamados gusanos de maguey, colocados sobre mantas o en carretillas montañas enormes de dichas orugas para ser ofertadas a la concurrencia.

Originalmente conocidos como "meoculi" su temporada principal es en el mes de abril. Estos insectos son tradicionalmente consumidos en regiones pulqueras, tales como Hidalgo, Tlaxcala y el Estado de México.

Su precio es elevado, probablemente por dos factores, el primero puede tratarse de que es un alimento de temporada, concepto que poco a poco pierde fortaleza por el apabullante crecimiento de invernaderos, y segundo posiblemente por el trabajo que se emplea en extraerlos.

Estos no son más que larvas de mariposas, las cuales hacen orificios en las pencas del maguey, adentrándose hasta el corazón de la planta, ya que de esta viven. Prácticamente todo el proceso es realizado en torno a este agave pues se extraen con un gancho elaborado del mismo, y se depositan en una bolsa de pergamino que es confeccionada de las pencas.

Son cocidos a las brasas, cenizas o tostados en comal, freídos hasta conseguir una consistencia suave; cabe destacar que la entomofagia (consumo de insectos) es considerada una práctica prehispánica, la cual perdió importancia durante la conquista pero poco a poco ha vuelto a retomar el vuelo. Una variante de estos "meoculis" son los xinicuiles o chinicuiles, que son más pequeños y proviene de la raíz del maguey o del nopal.

Un kilo puede llegar a costar 180 dólares americanos en el extranjero y entre 150 y 350 en el país, según la región o lugar que los expenda.

Son catalogados de dos maneras, los naturales y los criados, el incremento en el consumo ha ocasionado que se busque la manera de tenerlo todo el año, y se dice son alimentados con sangre de res, dato que resulta aún más desagradable para aquellos que los evitan a toda costa. Las diferencias entre uno y otro son el color, mientras el natural toma un tono claro, el criado se torna rojizo y su su sabor es más intenso, dato importante para aquellos que busquen identificarlos. En ciertas partes la falsificación es común, vendiendo las llamadas gallinitas ciegas y campamochas, curiosamente a precios muy bajos o promocionadas como en oferta.