Del plato a la boca

La etiqueta y el lujo

Buena postura, servilleta sobre las piernas, lo cubiertos de afuera hacia adentro, un bocado pequeño y sin hacer ruido, codos debajo de la mesa, todo esto para demostrar los buenos hábitos y costumbres dignos de pertenecer a la gente decente.

Durante años la sociedad ha buscado un refinamiento en todos sus actos, como un medio de distinción ante los demás, al grado de crear ciertas normas que "para ellos" eran vitales y daban nota de su buena educación y el buen gusto, logrando sobrevivir con el paso de los años he incluso influenciando a la gastronomía, casos como "El manual de Carreño" de 1865 basado en la reglas Europeas, en especial francesas, donde explicaba la forma apropiada de conducirse en la mesa, el uso de los cubiertos, saber trinchar, etcétera, convirtiéndose hasta entrados al siglo XX en un signo de distinción real.

Hasta nuestros días la gastronomía es adoptada como un símbolo de ostentación, ya que demuestra la capacidad económica del anfitrión al ofrecer algún banquete, la variedad de alimentos y la exoticidad de los mismo, práctica que se remonta hasta los Griegos y los Romanos, quienes realizaban estos eventos constantemente como reflejo de su poderío y que llegaban a durar varios días; de ser una celebración sin lucro pasó a convertirse en una práctica con fines políticos y diplomáticos como vemos hoy en día. Dentro de estas excentricidades se encuentra el banquete ofrecido por Calígula, también conocido como Julio Cesar Augusto emperador de Roma, quién ofreció un festín con un valor de casi tres toneladas de oro.

En el caso específico de México la sociedad ha sido influenciada en gran medida por la cultura francesa, desde antes de la "guerra de los pasteles", durante la ocupación francesa y por último en el "Porfiriato", este último de mayor importancia por el tiempo que duró, sucesos que dejaron una profunda marca en la concepción de ciertos aspectos sociales; desde la arquitectura, pasando por las buenas costumbres hasta llegar a la influencia sobre el consumo de alimentos, donde la denotación de "buena mesa" era siempre para los platillos franceses o europeos. Como lo menciona Salvador Novo con respecto a los banquetes de centenario que ofreció Díaz en el castillo de Chapultepec, que tuvieron como misión demostrar al mundo que México podía competir con las cocinas de Europa. Para al final consagrar el gusto hacia las clases altas por la cocina Francesa por estar auto-pronunciada como la comida con mayor clase.