Del plato a la boca

La dona en tiempos de guerra

Hace dos días la primera noticia que comenzó a circular en redes fue "el día de la dona", varios establecimientos hacían mención de ello y, otros tantos, ofrecían promociones relacionadas con este panecillo hueco. Al parecer, el deleite por celebrar un día especial para todo aquello que tenga relevancia entre la sociedad no tiene fronteras, principalmente si este se come. Hace unos meses se celebraba el "día del taco", mencionado en este espacio y en el cual se habló de la campaña publicitaria creada por la televisora de la familia Azcárraga y Maseca, no buscaremos sacar, de nuevo, conclusiones.

Caso contrario, el "día de la dona" parece tener mayor trayectoria y una historia más fundamentada. Resulta que, durante la Primera Guerra Mundial, un médico de nombre Morgan Pett, regaló donas a aquellos que trabajaron con él, tal suceso impacto a un teniente general de nombre Samuel Geary, quien instó al médico a que continuara dicha acción, por medio de una fundación, para con sus pacientes, pues sería un buen aliciente en su recuperación. Esta fundación se uniría al Ejército de Salvación en 1918 quienes, en conjunto, enviarían personal a Francia, especialmente mujeres, con la intención de proveer a los soldados norteamericanos toda clase de comodidades, incluidas donas y café, las mujeres que realizaban esta labor fueron conocidas como "Doughnut Dollies".

El primer "día de la dona" se celebró el 7 de junio de 1938, y se decidiría celebrar el primer viernes del mes de junio, aunque en este año las promociones comenzaron desde el jueves, al menos en redes y en el país. Lo interesante surge cuando una tradición poco difundida y una historia poco conocida salta de manera sorpresiva y llena de euforia, la capacidad de incorporar "días festivos" a nuestra cultura pretendería crear mayor difusión de eventos históricos internacionales, razón por la cual se opta por dedicarle un día en especial.

Sin embargo, la volatilidad de las redes sociales y las campañas mercadotécnicas son una combinación un tanto peligrosa, pues consumimos un producto por moda más que por conocimiento de causa, generaríamos ganancias elevadas a empresas dedicadas a la elaboración de dichos panecillos, pero, intelectualmente estaríamos desconociendo un hecho digno de investigar, el de las mujeres que realizaron una acción benéfica en tiempos de guerra y bajo circunstancias poco conocidas; que caería como anillo al dedo en tiempos en que los derechos de la mujer son un tema delicado, en tiempos en que organizaciones feministas reclaman su seguridad y en tiempos en que es mejor "olvidar" nuestros problemas comiendo una dona.