Del plato a la boca

La comida sobre ruedas

Martín llega todos los días a la misma esquina, siempre a las carreras porque, según dice, "los clientes si no te ven se van", cansado por la larga travesía y la carga que lleva, pero siempre dispuesto a despachar a sus comensales. Lo primero que hace es montar la lona, acomodar las bolsas con pan y prender la plancha, siempre le ha preocupado el tanque de gas, más que nada porque cuando tenía 8 años fue testigo de como cayó del camión repartidor de gas un tanque, el cual se le reventó la válvula y posteriormente, tras un chispazo, soltó una flama que lo dejaría marcado emocionalmente hasta el día que tuvo que enfrentar su miedo, cuando le ofrecieron trabajar en un carrito de hamburguesas, y pensar que esto fue hace más de 15 años.

De los íconos más importantes en la comida rápida (fastfood) el caso de las hamburguesas es fundamental. Este emparedado de carne molida, en ocasiones con queso, jamón, piña y hasta salchicha, según la exigencia o preparación de la casa, siempre con jitomate, lechuga y cebolla, además de las ya conocidas, cátsup, mostaza y mayonesa, es de fama mundial, en cada rincón del mundo podemos encontrar alguna cadena transnacional de hamburguesas. Cabe aclarar que en el caso de la India la carne es de pollo puesto que las vacas son sagradas, aunque esto no fue impedimento para la empresa de la gran "M" para colocar su establecimiento en tan paradisíaco lugar.

Pero México es un caso de relevancia, a pesar de contar con una gastronomía de importancia mundial es común observar un carrito de este tipo en varias esquinas, por lo general a las afueras de una centro de espectáculos o en una colonia popular, el crujir del jamón y el olor a carne son característicos, además de las innovaciones o excentricidades, por ejemplo la hamburguesa que fisiológicamente es imposible de comer, dada su altura y cantidad de ingredientes o saliendo un poco del contexto, las tortas con un huevo estrellado, pequeños detalles que han hecho una diferencia con el paso de los años. Al final la gula y el gusto dan el éxito o el fracaso de un lugar, llámese restaurante y carrito callejero.

Al final de la jornada Martín recoge su carrito, levanta la basura que pueda quedar alrededor y la guarda en una bolsa que posteriormente ha de depositar en un contenedor a unas cuadras de su casa, lugar donde también guarda su tan útil y veterano instrumento dejándolo listo para que al día siguiente puedan salir a la misma esquina y complacer a todo aquel que se le acerque.