Del plato a la boca

La cocina de la abuela

Entre los más viejos recuerdos que un ciudadano nacido en el último cuarto del siglo XX puede tener presente, en cuanto a la cocina, es sin duda el de aquella que la comandaba, una señora con mandil de colores diversos, siempre frente a una tabla de picar o una estufa, dando instrucciones o simplemente no dejando que nadie "pellizcara" la comida o alguno de los ingredientes. Desde mediados del ya mencionado siglo, un cúmulo de publicaciones semanales o mensuales bombardearon a las "nuevas familias mexicanas", la introducción de aparatos electrodomésticos llamaba a la modernización y, con ella, a un nuevo estilo de vida y, por supuesto, de alimentación.

Dichos recetarios eran vendidos o regalados por empresas dedicadas a la fabricación de batidoras, ollas exprés, licuadoras, etcétera. Y su i intención, contaban, era hacer la tarea de la ama de casa más fácil, logrando minimizar el tiempo de elaboración de los alimentos y ofrecer a su familia una variedad muy amplia de platillos, pudiendo, de igual forma, aprovechar el resto del tiempo para actividades propias de la época; las compras, el cuidado personal y la vida social.

Sin embargo, con el paso de los años dichos electrodomésticos buscaron volverse más innovadores, ahorradores de espacio, multifuncionales, etcétera. Por lo tanto, un solo instrumento podía ser una batidora, pero con tan sólo levantar una pieza y colocar de lado el pequeño motor se podía obtener un procesador de cítricos o un molino para granos. Mismo efecto con la licuadora, que nos brindaba licuados o malteadas, pero de la misma manera purés o semillas troceadas. Desde ese punto la repostería francesa estaba al alcance de toda casa mexicana y, por consiguiente, se era digno de pertenecer a la sociedad moderna, entre otras cosas.

Aunque en la actualidad la fascinación por los utensilios eléctricos ha disminuido ahora el mercado se dirige a jóvenes, quienes ven en los estudios gastronómicos una nueva forma de vida, un empleo y un espacio para desarrollar la futura alimentación. La ama de casa actual, ya acostumbrada a los aparatos eléctricos, tan sólo los utiliza de manera ocasional o para recetas simples, aquellos recetarios comienzan un tímido andar entre los puestos de revistas, sin dejar de aparecer, o se concentran en videos transmitidos en redes sociales.

Del anafre a la estufa, del molcajete a la licuadora de broche, de las conservar en salmuera al enlatado, la cocina de la abuela ha cambiado de manera vertiginosa en menos de cien años, para este punto, a mediados del primer cuarto de siglo, la cocina moderna ya no es una innovación y en ciertos momentos se busca rescatar la comida antigua, al comal o con tiempos prolongados sobre la lumbre, pero siempre bajo el mismo uso de ingredientes, como lo hacía la abuela.