Del plato a la boca

La clase de cocina

Al final de día de clases los educandos cruzan la entrada del centro escolar con objetos varios, algunas niñas muestran sus tejidos, algunos vestidos con toques típicos y hasta bolsos, confeccionados por ellas mismas. Los varones juguetean con la máquina de toques que construyeron y algunos otros cargan pesadas estructuras metálicas que parecen ser mesas o algunos otros maceteros; por último desfilan algunas y algunos con recipientes de plástico, con cuchara en mano degustan un plato de macarrones a la diabla, guiso que acaban de aprender; así fue una época en la historia de este país, solo que en vez de jóvenes eran padres y madres de familia a los que se les impartían los que conocemos como artes y oficios.

En tiempos pos-revolucionarios, el gobierno al mando de Álvaro Obregón comenzó una reconstrucción de la nación poniendo en acción un programa que tendría como objetivo definir el camino a seguir en cultura y educación; siendo José Vasconcelos secretario de Educación Pública organizó misiones culturales, las cuales estaban encargadas de preservar ciertos valores, elementos y rasgos de folclor nacional, además de tener mayor acceso al arte y a la cultura, principalmente por las clases pobres. Para dichas misiones culturales se convocó a gran cantidad de maestros, puesto que la cultura y el arte se consideraban elementos centrales de la política educativa; como un ejercicio de investigación los profesores recogieron múltiples expresiones populares, estas mismas más delante serían guías utilizados por intelectuales y artistas considerados como modelos de una mexicanidad. Siendo la primera en Zacualtipán, Hidalgo, en 1923 y la segunda en Cuernavaca, Morelos, en 1924, a finales de ese mismo año se realizaron seis misiones, conformadas por profesores, médicos, artistas e intelectuales, y poco después se incorporarían docentes en economía doméstica, quienes estarían encargadas de las cátedras de corte y confección, costura y cocina. En 1926 se crea la Dirección de Misiones Culturales a las órdenes de Elena Torres, y de igual manera toma mayor peso el tema de la nutrición, se generan cursos sobre alimentación infantil y cuidado de los niños; con el paso de los años estas actividades conformarían las bases de la cocina nacional, recreando recetas y preparando menús típicos.

Así como se disuelve azúcar en el café estos programas sufrieron el mismo destino, el cambio de administraciones, el desinterés y, seguramente, la falta de recursos los obligo a buscar asilo, encontrándolo en las educación pública, principalmente en secundarias, donde se implementaron talleres con la finalidad de estimular a los alumnos a aprender oficios como: corte y confección, mecanografía, herrería, electricidad, computación, economía doméstica, etcétera. Aunque con estos datos podemos darnos una idea de cómo se reconstruyó una nación después de aquellos tiempos de la revolución.