Del plato a la boca

¿Qué hay de cenar?

Comenzaron las fiestas y con ellas el desfogue de ingredientes, utensilios y demás menesteres necesarios para elaborar una buena cena; ¡Que se enciendan los hornos, se engrasen las charolas, que se sirva el vino y se rellene el pavo! Frases tan comunes para estas fechas, aunque no a todos nos toca Navidad.

Dentro de las costumbres culinarias europeas y norteamericanas, el consumo de carnes y vinos son necesarios; digamos que forman parte de sus tradiciones. En el caso específico de México no lo son tanto, entre otras cosas, debido al costo elevado que tienen estos ingredientes y siempre se busca la opción que, además de sabrosa y reconfortante, vaya acorde a la celebración y que mejor que los romeritos.

"Romeritos" o "revoltijo": parte de los platillos que nos indican que la Navidad y Año Nuevo están presentes, que nos cansamos al limpiarlos y prepararlo, pero que nos deleitamos al comerlo; consta de hojas de romerito, un quelite que crece en las milpas, acompañado de mole rojo, polvo de camarón, nopales, papa y camarón seco. Esta preparación es endémica de América, aunque el único país que lo consume es México, los romeritos son considerados una plaga; su consumo es de origen prehispánico, aunque no como lo conocemos actualmente, ya que tanto la papa como la técnica de secado por sal fueron introducidas a nuestro continente.

Existen otros casos como el bacalao a la vizcaína, proveniente de España y, para ser exacto, de la comunidad Vasca y de Galicia. En sí el bacalao es de aguas frías como las del norte del planeta, es por eso que el bacalao noruego tiene tanta fama; la preparación es de influencia tanto europea como de Medio Oriente, no olvidemos que la región de España estuvo conquistada por muchos años por los árabes, quienes le aportaron muchas especias y métodos de cocción.

Estos últimos años la economía de nuestro país ha sido factor importante para saber que se ha de servir para las cenas, tanto de Navidad como Año Nuevo, debido a que el precio de los ingredientes para estos platillos se incrementa exageradamente y por consiguiente la elección es minuciosa.

Desde ahorrar el pavo y comprar pollo, hasta solo ofrecer bacalao y romeritos, sin contemplar la idea de salir de ese rito deleitándose con otras preparaciones de menor precio y sabor extraordinario, la idea no es comer lo que todos comen sino disfrutar de la cena en familia, solo, con su pareja, etc. Sea cual sea la elección no queda más que desear feliz Navidad a todos.