Del plato a la boca

La cena perfecta

Velas, vino, regalos, cenas, globos, flores, etcétera; comunes denominadores del día más "amoroso" del año. A pesar de muchos detractores, el 14 de febrero, o día de San Valentín, ya es un día para el que la gente se prepara, desde los interesados en obtener una ganancia monetaria hasta aquellos que deseosos de festejar, en ocasiones, sobrepasan las expectativas con regalos o mensajes muy poco comunes.

En tiempos pasados ya habíamos hablado de su historia, la cual se remonta al año 269 d.C., donde, un sacerdote se encargaba de realizar la ceremonia católica de casamiento para aquellos que así lo pidiesen, y aunque para esta época esto no tiene nada de anormal, pero, tomando en consideración que en ese momento este acto estaba prohibido por el rey Claudio II "El Gótico", esto significaba un buen motivo para perder la cabeza, literalmente; el símbolo de San Valentín nace, irónicamente, de la ejecución de dicho sacerdote y su osadía de preservar las costumbres católicas.

Pero, omitiendo esta parte de la historia que poca relevancia tiene en la actualidad, volvamos a nuestra reflexión. Como buen caballero, o gustoso de celebrar esta fecha, el objetivo es brindarle a la amada un día especial, para ello no se puede reparar en gastos, aunque en repetidas ocasiones se olvida que no todo lo que brilla es oro, y una buena meta sería complacer a los sentidos. Para ellos el gusto es el principal, no por nada el regalo más común son los chocolates o una buena comida. Mientras tanto, las damas, que, sin ofender, tienden a ser más cursis. Por lo tanto, en su caso, los preparativos comenzaron desde hace ya varios días, saben que con comida nos pueden tener entretenidos todo el día, pero, a cambio, siempre esperaran una sorpresa que les inunde los ojos. O al menos eso dice la teoría para ambos casos.

La realidad es que, ya sea un día de mero consumismo o un día para demostrar el amor verdadero, el bocado, o la comida, siempre estarán presente; consciente o inconscientemente buscamos que ese amor lleve forma de algo comestible, cada año regarán cosas materiales, pero si eso no lo acompañan con un alimento sabrán que la celebración estará incompleta. Y no tiene que ser un lujo que merezca empeñar hasta los calcetines, basta con conocer los gustos del doble opuesto para darle saber que disfrutara más, desde un orden de tacos al pastor o pozole hasta una crepa con café serán suficientes para captar su atención, pues de lo que se trata es de complacer a los sentidos y que mejor que el sentido del gusto para encontrar al amor.