Del plato a la boca

En banquetes y en banquetas

Las casas se visten con los colores patrios, las banderas ya lucen en todo lo alto, de igual manera las calles se engalanan e iluminan las noches; entre verdes, blancos y rojos la nostalgia combinada con alegría se aprecia cada día más. En unos cuantos días estaremos de fiestas, un aniversario más del grito de Independencia se cumplirá y con ello la fiesta, el regocijo y nada más, para continuar con el tradicional desfile militar, visto desde la televisión o en primera fila y a pleno rayo de sol, probablemente con unos esquites en la mano, una tostada de tinga o una bebida refrescante, sabemos que después de eso todo regresará a la cotidianeidad.

Justo para estas fechas no da por recordar aquellas celebraciones pasadas de la fiesta nacional por excelencia, sus evoluciones y contribuciones a la historia. Y no podemos pasar por alto las fiestas del Centenario, aquellas ofrecidas por o para el presidente de aquella época, Porfirio Díaz, durante todo el años de 1910 se realizaron un sinnúmero de convites, en los que el invitado principal era obligadamente el dirigente de la Nación, debido a su ya conocido gusto por lo europeo, principalmente parisino, en repetidas ocasiones el menú tanto de bebidas como de alimentos estaba escrito en francés, al igual que los platillos ofrecidos eran del mismo origen, un caso específico fue el del ofrecido un 3 de Julio, en el cuál pecó de ostentoso debido al momento de pobreza y desigualdad que vivía la ciudad de México y el país. Este evento tuvo lugar en la antigua Cigarrera Mexicana, ubicada en la calle de Bucareli, y estuvo comandada por empresarios, banqueros, industriales, agricultores, propietarios, profesionales, amigos y clubes reeleccionistas en señal de admiración. En cuanto al menú este consistió en: sopa, pescado, ensalada, fruta y vino; aunque suene muy soso o simple se llevó a cabo con la ayuda de trescientos meseros, dieciséis cocineros, veinticuatro segundos cocineros y sesenta ayudantes.

A pesar de las opiniones encontradas y el gran derroche que se proyectó no se comparó con la cena del 15 de Septiembre, en Palacio Nacional, comentada en este espacio con anterioridad, la cual para la prensa tanto nacional como extranjera había sido de gran gala, casi como las del viejo mundo. Sin olvidar las palabras del periodista John Kenneth Turner, el cual dijo que la dieta del mexicano promedio se basaba en maíz y frijol, por lo que se podía considerar al pueblo mexicano como medio muerto de hambre, consideraciones que tuvieron vigencia hasta entrado el siglo XX, pero que con la salida de Díaz y su afición por lo francés el recetario popular mexicano tomó el rumbo que conocemos hoy en día.