Del plato a la boca

Yogurt en casa

Levántate temprano, aséate, sal de casa, toma el autobús, taxi o auto propio, lidia con el tránsito, llega a tiempo a la escuela o trabajo, comienza tu día. En todo este ciclo algo estamos olvidando y es, efectivamente, el desayuno; en una era tan ágil, donde es poco el tiempo que tenemos para consumir nuestros alimentos y mucho el que desperdiciamos en trayectos, una gama de productos salvadores han llegado hasta nuestro alcance: productos enriquecidos, adicionados o conformados por diversas sustancias son la respuesta para poder resistir un largo lapso en ayunas o, al menos, eso prometen.

Aunque está comprobado que muchos de ellos no son lo que prometen, o pueden llegar a afectar más de lo que curen, el hecho es que ya están ahí y muchos de nosotros los adoptamos como opciones viables para evitar futuros problemas como: gastritis, colitis o úlceras; hemos llegado a olvidar viejas fórmulas que seguramente escuchamos y probamos de pequeños, pero que por alguna razón dejamos pasar; hablando de productos lácteos tenemos los Kéfir o leche de búlgaros que, curiosamente, su nombre nos podría llevar a las remotas tierras de Bulgaria y, sin embargo, tienen su origen en el Cáucaso, región comprendida entre el Mar Caspio y el Mar Negro.

Ciertamente el yogurt Kéfir es un producto lácteo fermentado mediante la acción del hongo Saccharomyceskefiran y la bacteria Lactobacillusacidophilus, los cuales producen gránulos con aspecto a pequeñas coliflores gelatinosas y blandas; debido a su condición de lácteo fermentado, este es benéfico como regenerador de la flora intestinal, mejorar la digestión y eliminar problemas de estreñimiento, además de contar con un gran número de propiedades nutrimentales como: calcio, magnesio y fósforo, al igual que un gran número de vitamina B (B1, B5, B9 y B12) y vitamina K. También aminoácidos como el triptófano, debido a la acción de la fermentación disminuyen los niveles de lactosa e incrementa la concentración de la enzima galactosidasa, encargado digerir la lactosa, por lo tanto permite una mejor digestión.

Para obtener la leche de búlgaros, o yogurt, se debe sumergir con leche, preferentemente entera, en un envase de vidrio, dejándola reposar de 24 a 48 horas. Entre más tiempo pase mayor será su concentración al igual que su acides; posteriormente y con ayuda de un colador de plástico, se filtra en otro contenedor y de nueva cuenta se les agrega leche a los gránulos. El yogurt se puede endulzar con mermelada, licuar con fruta o consumirlo solo.

Uno de los factores más importantes en comparación con los productos procesados es que no contendrá conservadores, colorantes ni saborizantes artificiales. Para conseguirlos solo basta con preguntar a la abuela si sabe quién pueda tener búlgaros.