Del plato a la boca

Rimas sin cebolla y con cilantro

"De lengua me como un taco", diría el abuelo al escuchar alguna mentira. El ejemplo muestra la capacidad de crear una analogía a partir de la comida, de aquella que nos llevamos a la boca y que, se podría decir, sale de nuestra alma; sin embargo, ¿hasta qué punto comparamos los alimentos con aspectos de la vida diaria? Nuestra cultura parte de vivencias, creencias, mitos y leyendas, de las cuales "nos alimentamos" y retroalimentamos con el paso de los años, donde no es lo mismo comer pinole que comer atole, ya que con uno es mejor quedarse callado y con el otro llenas el jarro.

"Que se te haga la boca chicharrón", esta frase en particular llega a ser muy curiosa, pues por el sentido con el que se aplica, un mal pensamiento o un mal presagio se busca neutralizar dándole figura y forma: la del chicharrón, aquella piel de cerdo sumergida en aceite que, tras dicho tormento, queda achicharrada y deforme, como para evitar que cualquier mal comentario tenga como castigo una penuria cruel; pero ¿qué pasa con "aquí solo mis chicharrones truenan"?... Conceptualizaciones variables que van determinadas según el fin, por un lado una reprimenda y por el otro un orgullo o ego.

Y "barriga llena, corazón contento": la dicha de comer, terminar saciado y sencillamente ser feliz o menos triste, como salga más barato, pero justificado en el hecho de que después de comer el mundo nos parece distinto, omitiendo aquellos casos en los que lo que ingerimos no fue de nuestro total agrado aunque en la mayoría de los veces este tipo de sucesos pasan en pocas ocasiones.

Pero no olvidemos ejemplos como "el pez por la boca muere", lo cual nos remonta a "libre expresión"; derecho con el que todos estamos bendecidos, pero que si hacemos mal uso podemos caer en barbaridades que poéticamente representan nuestra muerte, como la del pez o en su defecto la del gato, que por curiosos o habladores le llega "su punto final".

Para culminar: "echando taco de ojo", tripa, nana o nenepil, todo este bagaje literario muy ligado al "caló", al "doble sentido" y en ocasiones hasta al "albur", pero sin llegar a lo vulgar, a lo obvio y hasta a lo grotesco; simple y sencillamente denotando algo que hay que ver o algo para ver, desde cuidarse de la policía en el caso de algún delincuente, hasta observar a una muchacha pasar.

La importancia de la alimentación no solo radica en la necesidad de comer, sino que tras ciertos análisis, podemos llegar a la conclusión de que lo hacemos participe de nuestra vida, cultura y lenguaje lo llevamos como fábulas, refranes y dichos; lo conceptualizamos como ejemplo importante para la explicación de enseñanzas y lo adornamos para que suene rítmico, con ánimo y sin dolo, es por eso que "echando a perder se aprende".