Del plato a la boca

¡Quiero más!

La vida actual nos lleva a pensar en "más por menos". Entre más obtengamos de algo o de alguien a un menor esfuerzo o costo, será una buena decisión o compra; ejemplo de lo anterior podemos verlo reflejado en el éxito de la temporada de ofertas en tiendas departamentales o supermercados, donde el símbolo de descuento (%) nos atrae de sobremanera, a tal grado que podemos, literalmente, propiciar una batalla campal para obtener algún producto. Muestra de esto tenemos el famoso Black Friday en Estados Unidos, donde se puede llegar hasta los golpes por un bien material.

Aplicando a la alimentación el problema puede ser aún más grave. En décadas pasadas el consumo de refresco era solo destinado para fechas importantes, como la llegada de algún familiar o alguna visita a la casa. Con el paso de los años esta práctica paso a fines de semana y posteriormente al resto de los días, convirtiéndose en un hábito que actualmente arroja año con año numerosos casos de diabetes.

Otro ejemplo es el de golosinas o galletas, donde la cantidad de producto se ha multiplicado en 50% o hasta 100% más, de obtener un paquete individual con seis galletas ahora podemos encontrar con 10 piezas o un tubo con aproximadamente 20 de las mismas. En sociedades occidentalizadas, los alimentos preferidos son aquellos que presentan una relación costo-beneficio sin importar el valor nutrimental o calidad de estos, pues para algunos de sus consumidores el objetivo está en que tan prácticos son, si su precio es bajo o que sean con menos grasas, carbohidratos, etcétera.

Algunos alimentos apenas valen el esfuerzo que requiere producirlos y prepararlos, casos como el vino mexicano en México, o en sociedades como la japonesa donde la pisca de arroz provocaba afectaciones en la espalda, por lo que ahora es más recurrente la utilización de sustitutos, saborizantes, etcétera, provocando que los víveres puedan ser más baratos pero dudosamente nutritivos, además de poder ofrecer una mayor cantidad por el mismo precio, el cual en ocasiones es aún más bajo que el de un alimento natural, como algunas frutas, verduras o semillas.

El "más por menos" es un factor predominante en nuestra sociedad cada vez más occidentalizada y que está derivando en problemas de malnutrición; no dudo que en unos años comencemos a sospechar de aquellos productos que dicen ser enriquecidos con vitaminas y minerales, al ver que por más que los consumamos nuestra salud se vea afectada por falta de los nutrimentos que dicen tener.