Del plato a la boca

Pasar hambre

En ocasiones nuestro estilo de vida nos obliga a pasar lapsos prolongados sin probar bocado, el desayuno se da hasta la comida, la comida hasta la cena y de la cena ni hablamos, al principio puede ser cosa de un día, a la mañana siguiente estamos frescos como lechugas, nos anticipamos ante las inclemencias de la vida y tenemos preparado un desayuno sustancioso y basto para una jornada más, pero no siempre hay un final feliz, el primer día de ayuno pasa a ser la primera semana, el primer mes y después un estilo de vida, por así llamarlo, las repercusiones son variadas, algunas ya tratadas en este espacio, pero que pasa cuando por asares del poder, la opresión y el autoritarismo ese ayuno es impuesto, las jornadas de trabajo son largas y desgastantes y el sujeto recluido y maltratado.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los habitantes del gueto de Varsovia, fueron prácticamente a morir de hambre, los alemanes racionaron los alimentos con la finalidad de eliminar a la población, el servicio médico que ahí se encontraba decidió realizar un estudio con base en la desnutrición presentada, también conocida como "enfermedad del hambre; los resultados no tardaron mucho, las primeros síntomas fueron sed excesiva, incremento en producción de orina, pérdida acelerada de peso y ansia constante de alimentarse, con el paso de los días se produce un debilitamiento general, incapacidad de realizar trabajos, posteriormente pasan el día en cama y experimentan frío en las extremidades y nariz, pasan por estados anímicos de depresión y apatía; un dato curiosos es que en todo este tiempo pierden el interés por comer, a menos que vean comida o se hable de ella, en ese momento su temperamento cambio, son capaces de volverse coléricos y arrebatar el alimento, a pesar de ser golpeados; en las fases finales, la grasa excedentaria desaparece, la piel se obscurece, seca y arruga, el vello púbico y de las axilas se cae, el pulso y respiración disminuyen hasta el momento en que sucumben ante tal grado de desnutrición, una de las conclusiones a las que se llegaron es que el hambre que tenemos al estar bien alimentados puede carecer de motivos nutricionales, ya que al expulsar la última comida el estómago manda señales al cerebro, en específico al hipotálamo, el cual nos indica que ha llegado el momento de comer.

El acto de comer, viene inmerso en un sinnúmero de estímulos, entre ellas las nutricionales, que en realidad debería ser el único, pero que ante el fácil acceso a los alientos nos permite abusar de él y convertirlo en un "instinto" que con el paso del tiempo se vuelve violento y doloroso, al ser privado del mismo se puede llegar a un equilibrio, deshumano, pero equilibrio al fin.