Del plato a la boca

La Guasa

De la gala, el glamour, la dicha y la excentricidad daremos un giro de 180 grados. Hace apenas unos días mencionábamos lo que representó La Concordia en el entretejido de las clases altas durante El Porfiriato; ahora echaremos un vistazo a la otra cara de la moneda donde el mundo parece otro, probablemente el momento en el cual se pasó de una subordinación absoluta a un sometimiento obstinado, lleno de inconformidades y reproches que podían ser expuestos mediante la mofa al estilo de vida burgués.

Comenzaremos platicando acerca de La Maison Dorée, que estaba ubicado en la calle San Francisco (hoy Madero), justamente frente a lo que fuese el palacio de Iturbide (hoy Museo del Banco Nacional de México), que saliendo un poco del tema este cuenta con una interesante exposición de arte sacro para aquellos adeptos, además del inmueble que ya es una obra maestra en sí; retomando nuestro camino diremos que La Maison Dorée (La casa dorada) era un restaurante que se engalanaba con sus preparaciones francesas y cortes de carne estilo "Wellington" (envueltos en pasta hojaldre) por mencionar algunos, aunque poco duró el gusto, ya que solo estuvo abierto de 1895 a 1906, y su posible fracaso se pudo haber debido a sus altos precios y un pequeño detalle: su menú estaba escrito en francés.

Mientras tanto en la calle de Bolívar otra historia se escribiría, en manos de "maese" Benito (maestro Benito), la Maison Raté (La casa perdida) sería prueba de lo que la chacota y el ingenio mexicano podían alcanzar. En este establecimiento "rifaban" los chilaquiles con queso y carne asada, las milanesas con papas y queso fundido, la cecina y el tasajo con frijoles refritos o de la olla, los chiles rellenos y en caldillo, las salsas de todos tipos, los chiles, verdes, toreados y encurtidos, al igual que una buena jarra de agua de jamaica, chía, piña o melón, mientras las tortillas, totopos, teleras y virotes (este dos últimos adquiridos en la panadería La Cibeles), para concluir con la salsa borracha. Con una clientela en su mayoría por gente de teatro, toreros, intelectuales,entre otros, podemos imaginar lo que representaba una comida en dicho lugar, lleno de tumulto, rizas y goce.

Evidentemente el nombre La Maison Raté era una burla a La Maison Dorée, al igual que lo fueron en los años sesenta lugares como El Sylvaincito o El Samborcito, en Veracruz, siendo copia del Sylvain y el afamado Sanborns respectivamente, para concluir con un restaurante que de 1964 a 1975 fue conocido como El foco al aire, ubicado en la calle de Izazaga, derivado del Focolare que se encuentra, hasta el día de hoy, entre las calles Niza y Copenhague.