Del plato a la boca

Comer sin pena

Hablar y escribir de comida, como se hace hoy en día, es una actividad relativamente nueva, ya que, en la antigüedad, si bien es una necesidad natural y biológica, esta era únicamente digna de ser exhibida por las clases altas, la aristocracia; el pueblo, estaba confinado a comer en la intimidad de sus hogares, nada era tan digno como para hablar de él, mucho menos de escribirlo. Con el paso del tiempo, las constantes travesías de exploración y el interés por parte de las civilizaciones por conocer más allá de sus fronteras dieron paso a las crónicas, los escritos y las cartas enviadas a sus tierras de origen dando razón de lo visto.

Se sabe que tanto los españoles como los portugueses fueron los primeros en traer noticias de América, de entre las que destacamos sus alimentos, aunque sólo eran mencionados sin dar más detalle de estos; más tarde tanto Fray Bernardino de Sahagún, Cortés, Bernal Díaz de Castillo, entre otros, darían mayor énfasis, pero sin ser muy profundos. La alimentación era parte de estas prácticas sacrílegas, como el sacrificio humano, que ellos no podían tolerar bajo la creencia católico-cristiana.

En el caso de los ingleses y franceses la historia fue un tanto diferente, en ese entonces se tenía la creencia de que los europeos no podían vivir en climas cálidos, a su llegada a América descubrieron que era posible, pero debían acostumbrarse a los alimentos que esta tierra proveía; su dieta estaría regida por frutas, verduras y agua, los cárnicos eran poco considerados puesto que se descomponían con rapidez y más de uno murió por dichas causas. Cabe resaltar que tanto franceses como ingleses decidieron ser más estrictos a la hora de comer, se recomendaba dejar de lado las grandes porciones y dividir la comida en cuatro, estos deberían ser ligeros y repartidos de entre las 6 de la mañana hasta las 8 de la noche, considerando un descanso laboral de 11 de la mañana a 2 de la tarde, posiblemente por ser el lapso más caluroso del día.

Esta colonización, en todos los aspectos, trajo consigo que se comenzara a escribir de comida, los motivos variaban, desde la visita de un funcionario de la colonia, hasta la aparición de nuevas preparaciones y llegada de nuevos ingredientes; de ahí las diversas versiones en la aparición de los chiles en nogada, el mole poblano, los dulces típicos, etcétera. De esta manera comenzaría una revolución, sin sonar sensacionalista, pues la comida rodeada de banquetes, lujos y derroches únicos de la nobleza, aterrizaba en tierras que esparcirían y fusionarían técnicas, costumbres y símbolos, y que, en el momento actual, podemos ver, hablar y probar de ellas con aparente facilidad, sin necesariamente tener que disfrutar de ellas en aquella intimidad.