El ornitorrinco

Fantasmas

El síndrome del miembro fantasma es un término que describe la sensación que persiste, casi siempre dolorosa, en forma de punciones o descargas nerviosas, después de que un miembro es amputado. Es decir: el cerebro percibe el miembro perdido como si todavía fuera parte del cuerpo, aunque ya no esté allí. Las personas que lo padecen sienten que algo que les falta, todavía los acompaña y, peor aún y como ya dije, les duele.

¿Podrá este síndrome ser una metáfora que, como matrioshka, esconda otra en su interior (y otras más; y otra) que explique, como buena metáfora la nostalgia, ese sentimiento humano por excelencia?

Si las conexiones neuronales tienen una función en nuestro cuerpo, podarlas, de pronto, equivale a amputarlas. Después de compartir un periodo de tiempo con alguien, de estar acostumbrados a su cuerpo y a las rutinas que desarrollamos a su lado, cuando esa persona no está más allí, junto a nosotros, su fantasma suele persistir y manifestarse, punzar y detonar algo en nuestro sistema nervioso o emocional, que no deja de doler durante algún tiempo.

Hay personas que, después de estar mucho (o poco) tiempo con otras personas, llaman a sus nuevas parejas con el nombre fantasmal de la antigua pareja, la pareja ausente, amputada, desaparecida de su intimidad y de su devenir cotidiano, una no presencia en los nuevos retratos familiares y amistosos, un vacío durante algún tiempo, corto o prolongado, presente.

Aquello que nos acompaña, sin embargo, no se encuentra en ningún otro lado más que dentro de nosotros. Ahí, en nuestro almacén, en nuestra memoria (que es a la vez archivo y bote de basura) se encuentran guardados o desechados los recuerdos que los fantasmas habitan, como retratos bien detallados o como simple pelusa o papel hecho bola o triturado.

Por otro lado, el síndrome de Estocolmo es aquel que experimentan las personas secuestradas y que, luego de algún tiempo, hacen que le tengan estima (o dependan de manera absoluta) de su captor. Ese síndrome también puede ser una metáfora que acompañe a la metáfora del síndrome del miembro fantasma.

Tal vez, de repente, a través de la memoria y nuestros recuerdos secuestremos al otro, al que no está más ahí, al que se fue o al que dejamos, para simular que aún depende de nosotros para manifestarse con el afecto de antaño.

Sea como sea, la memoria y sus síndromes, reales o vueltos metáforas, guarda en su interior, y al interior de su interior, secretos que no siempre seremos capaces de develar, aunque, de pronto, sintamos sus pulsiones que a veces duelen, pero, de repente, cuando las asumimos reconfortan.